domingo, 17 de mayo de 2026

EDELWEISS

 


    Para este Mayo de 2 026, Pepe de la Torre, compañero de EL TINTERO DE ORO, nos invita  a jugar     con un reto casi cabalístico sobre el número 3. Ir a muestra biblioteca personal-(primer reto: ¿cuál        de todas las estanterías desparramadas por mi casa es “la biblioteca personal”?) Luego ir al tercer     estante contando desde arriba-(segundo reto: depende de la biblioteca y de la estatura de su dueña.     Creo que se refiere al estante a la altura de los ojos). Por fin, el tercer reto, el más simple: tomar el         tercer libro. Buscar el tercer capítulo, (parte, sección), tomar la primera frase y dejarse llevar por         eso que llamamos imaginación. Elegí la biblioteca de mi dormitorio, la que tiene los libros más a         mano a la hora de dormir o de despertar. En ella, el estante central. Y entonces…Nada menos que         mi amado Italo Calvino; nada menos que “SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO” editado     por Siruela/bolsillo en Abril de 1993. Voy al tercer capítulo: Difícil de determinar- hay diversas             subdivisiones. Opto por cerrar el libro y abrirlo al azar: ASOMÁNDOSE DESDE LA ABRUPTA             COSTA.  

 

 

EDELWEISS

Me estoy convenciendo de que el mundo quiere decirme algo, mandarme mensajes. avisos, señales.” El perro del departamento de enfrente ladra. Todo el día ladra. Ladra a los otros perros que la gente lleva a pasear, a los colectivos y los autos, al cielo, al infierno. Ladra. Su dueño lo deja allí durante su horario de trabajo, y a veces también a la noche. Un vecino le reprocha a los gritos que lo deje solo, encerrado en un pequeño balcón y molestando a la gente de la cuadra.

   Los gritos, los insultos, molestan más que los ladridos; ansío silencio. ”El silencio de la nieve al caer”, pienso, y de pronto estoy en ese lugar que uno siempre llama Siberia por lo lejano y frío, pero bien podría ser Canadá, por ejemplo. Un viento helado apura los primeros copos, pero luego la nieve empieza a caer incesante, silenciosa. Hay dos ciervos de grandes cornamentas. No sé si pelean o tratan de desenganchar las puntas.

   Ya no es la bella imagen de invierno con la que regodearse desde lejos junto al fuego. Es un silencio pesado,  peligroso como ese oso que corre a su cueva. Quisiera dormir sin el peso de ese silencio sobre la tierra.

   Defensa Animal golpea en el departamento del perro. El dueño recibe la patada de avestruz del vecino que espía escondiendo la cabeza.

   Ya no ladra el perro. Yo quisiera llorar.

   Al volver a mi manto blanco, algo pequeñísimo asoma libre, sin esfuerzo, se diría con alegría. ¿Es? ¿No es?

   Vuelve el sol y miles de arroyitos cantan sobre el silencio.  Es. ¡Edelweiss!

 

 

(Plbs 248 sin título y sin la oración de Italo Calvino)