domingo, 12 de abril de 2026

HERMANOS

 



HERMANOS

Salimos camino a la costa. Bernabé quería volver a ver el mar después de mucho tiempo. Ese mar en el que vivió y trabajó la mayor parte de su vida. Decía que el mar hablaba, que solo había que escucharlo en su ronquido constante, en sus olas, en su movimiento y hasta en su color. Decía que las aves lo entendían y le contestaban.

   Al momento de partir Bernabé quiso tomar el volante, pero Germán como siempre, dijo que era mejor que condujera él en la ruta, que su hermano había perdido la mano, y cosas así. Una vez, Bernabé, mi amigo, mi compañero de universidad me dijo:

Germán significa hermano. No podrían haberle puesto nombre más adecuado. Es menor, pero me cuida, me es fiel, está tan atento a mis necesidades y peligros que podría creerse  que es el mayor. Sabe estar siempre presente, y tiene una alegría que supera los males del mundo.

   Sí, era así. Miraba el cielo nocturno con los ojos tan brillantes como las estrellas. Arrancaba una manzana del árbol y la lustraba contra la camisa con el orgullo de tener entre las manos una de El Jardín de las Hespérides. Se recibió de ingeniero, nos casamos y fuimos a vivir fuera de la ciudad. Bernabé, escritor, editor de publicaciones selectas aunque también de muchas notas de opinión durante los tiempos del terror, quedó viviendo con su madre.

   Un día, al llegar a su casa, la vio en la puerta hablando con dos policías. Rápido de reflejos, se calzó la gorra con visera que siempre llevaba consigo, y se presentó:

Señora, el plomero.

Pase al fondo, a la cocina por favor. Enseguida estoy con usted−contestó mi suegra, tan rápida como él.

   Bernabé salió por la parte de atrás del terreno. Cuando los policías reaccionaron, no encontraron a nadie en la casa. No volvimos a verlo. En cuanto pudo, avisó que trabajaba en barcos pesqueros y con los años en barcos de carga. Fue su otra vida.

   También nuestra vida cambió para siempre. Volvimos a la ciudad a vivir cerca de la madre de Germán. Volvimos para ocuparnos de ella, a que no quedaran rastros de Bernabé durante los años de plomo, cuidando de no perder contacto, de hacerle llegar algún dinero al comienzo, de darle a su madre las mejores noticias del primogénito. No tuvimos hijos. ¡Tanto que le habría gustado a Germán!

   Un día, ya enferma mi suegra, lo vimos aparecer con la visera sobre los ojos, diciendo:

−¡Plooo mee ro!  

     No obstante la inteligencia y la lucidez de su juventud, era un hombre envejecido por el desgaste de años de trabajo duro. Otra vez nos hacíamos cargo del hermano mayor. Volvieron la risa de Germán, las interminables charlas de Bernabé, las noches de verano con una cerveza bajo las glicinas y toda una manera de vivir que creímos perdida para siempre. Envejecíamos sí, pero en un tiempo de acompañamiento, buen humor y hasta de sabiduría. Era una pausa.

Sin embargo, a Bernabé le faltaba el mar.

                                                            ***

  Dos luces enormes en la oscuridad de la ruta, un monstruo gigantesco sobre nosotros, ruido de vidrios y frenadas. Grité, ¡Germán, Bernabé! Nada más.

−Un brazo y varias costillas rotas, algunas heridas cortantes no muy profundas. La sacó muy barata, señora.

−Y mi marido, y mi cuñado, ¿cómo están?

−Por ahora no tengo información. Descanse. Duerma, le hará bien. Es un shock muy fuerte.

   Meses después de haber enterrado a Germán, mi alegría de vivir, fui a ver a Bernabé todavía internado, aunque ya en decidida recuperación. Pasé días dando vueltas   y más vueltas preguntándome cómo se da la noticia de la muerte de un hermano.

   Me vio entrar, clavó su mirada en mis ojos, y no tuve que explicar nada. Lloramos hasta quedarnos sin lágrimas.

   Fue otro gran giro en la lemniscata de la vida. De tanto en tanto nos visitábamos, o iba a buscarlo para andar un poco sin cansarlo. Hablábamos, recordábamos. Bernabé giraba hacia una espiritualidad sin religión; sin embargo su pregunta más frecuente era ¿por qué? ¿Por qué siempre protegido por Germán en todas las encrucijadas de la vida? ¿Por qué no está vivo Germán? ¿Por qué fue él quien me protegió?

Miles de preguntas sin respuesta que lo mortificaban y de algún modo lo culpaban por cuanto había pasado en nuestras vidas. Me dolía verlo torturarse. Intenté tomar distancia. Aunque amaba pensar en Germán, hablar mentalmente con él, recordar momentos de nuestra intimidad, su risa, su mirada, su voz.. ¡ah, su voz cálida, que iba hacia el mundo sin gritar como un viento agradable y fresco! Al estar con Bernabé, lo que volvía era el hondo pesar. Nunca seré como Germán. Intento ayudar, pero el impulso y lo que me queda de vitalidad son de corto alcance. Sin embargo, no ver más a Bernabé era como negar nuestra propia vida, nuestra historia. Tomé coraje y lo llamé. Lo oí fuerte, rejuvenecido, entusiasta. Fui.

   Ya no hablamos de recuerdos, sino del presente, del mundo de hoy. Sobre la puesta del sol, después de un largo silencio, dijo:

−En la búsqueda todo cobra sentido. No hace mucho descubrí que la pregunta correcta es ¿Para qué? Vuelvo al mar. Fuiste mi hermana en la familia de origen, pero mis hermanos de elección fueron los que me dieron una nueva vida. Son mi mundo. A ellos vuelvo. Les debo todo lo que hoy sé.

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(900PLBS)  

  En Argentina PLOMERO es el equivalente a FONTANERO en España.

Bernabé y Germán son dos personajes de relatos de hace ocho o diez años. Quedaron en el olvido sin motivo aparente, y reaparecieron ahora sin mucha conciencia de mi parte. Al buscarlos, encontré que en esos relatos también se tocaba el tema del destino aunque de muy otro modo. Es notable cómo nuestros personajes pueden acompañarnos a través del tiempo.


domingo, 8 de marzo de 2026

PENURIAS DE MANDINGA

 



 PENURIAS DE MANDINGA

¿No podrías aligerar un poco, digo yo? Sí, de día me divierto mucho, tus humanos son muy tontos. Les ofrezco un pedazo de plástico o cualquier imagen falsa de felicidad diciéndoles: <Es rápido, fácil y barato> y les basta para dejarse agarrar. O les infundo un poco de miedo y ya encendieron la avidez, la pereza, la envidia, la soberbia o las ansias de poder, caen solitos en el círculo correspondiente. Pero, “Lo poco agrada, lo mucho enfada”. Mira a esos dos, tan apasionados que quise regalarles un poco más de fuego, y ahí están desde hace siglos tan atados el uno al otro que cuando ella le dice <¡córrete para tu lado!>,él, lo único que puede hacer es apretarla más. Si Paolo quiere pedirle un rato de silencio, Francesca multiplica su discurso hasta el agotamiento. Apenas un ejemplo.

Lo grave es lo mío. Estoy intoxicado. Tengo que devorar todos los días a Judas y su lista de traidores. ¿Resultado? Indigestión, constipación, cagadera hasta el infinito. Y son tantos que no  alcanzan mis tres cabezas.

 

Querías ser el Todopoderoso, ¿no? Te di toda la oscuridad y te mandé al séptimo círculo. Lo primero que debe lograr un poderoso es  respetar los pactos. Reconozco que tu trabajo me ha venido bien muchas veces. Si todo fuera luz, no la verían.. Hasta los traidores terminan aprendiendo aunque les lleve milenios, pero el pacto es hasta el fin de los tiempos. Por entonces, veremos. Entre tanto…¡Mastica bien!

 

 

 

(249 plbs)

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Como es obvio, los personajes de Paolo y Francesca, y la situación del Diablo en el Séptimo Círculo del Infierno, son una directa referencia a la Divina Comedia de Dante Alighieri.  



sábado, 14 de febrero de 2026

DEJARLO TODO

 




DEJARLO TODO

 

 

 

            Pacha- mama, Pacha-mamita,

            diz q’hemos de hacerte daño

            diz que los godos vienen.

            A robarte vienen

            Levantan los sembradíos

            Comen nuestros cabritos

            Beben tus puras aguas.

Así va murmurando el viejo, como rezando, mientras lo arranca todo, hasta el último hierbajo de raiz. Mata los animales que no podrán llevar en pie, los carnea y se lleva hasta los cueros. Dejará sólo los huesos que muestren desolación pero que tarde o temprano alimenten la tierra.

 

Emponzoña los pozos de agua y los tapa.

Perdóname, agüita clara…

La madre del pobrerío trae mensajes en el ruedo de su vestido. Avisa por dónde galopa el enemigo. Entonces, Don Martín su hermano, al mando de los infernales sabe cómo correrlo con fusiles, cuchillos y ponchazos que lo cieguen en el viento.

Belgrano, entre tanto, los hará dejar todo atrás. Hoy o nunca es la independencia de su tierra.

 

Tierra arrasada”  ordena el General.

            Han de matar sus monturas

            Si es q’ellos quieren comer

            Ni una gota de rocío han de hallar para beber.

 

Cargar burritos y mulas con alforjas llenas de granos y provisiones, arrear animales. Ayudar a los más débiles, a las mujeres y a los changuitos más pequeños a trepar a carros con mantas y provisiones, y por fin, dolor, dolor, quemar hasta el último rancho de barro y paja.

Dejar la puna.

Mirar atrás: San Salvador del Jujuy desaparece tras el humo negro, y el humo toma formas monstruosas entre las lágrimas.

Andar, andar. Pasar varias noches antes de volver a ver la luna sobre la cordillera. El silencio es el compañero. Nada que decir, nada que cantar. Juntar los pasos durante quince días de camino en la sangre que va y viene del corazón a la cabeza, a las piernas y a los brazos para todo lo necesario pero no para la alegría. No todavía.

El éxodo es tan árido como el desierto mismo. Anudado a la cintura hay un hilo largo, invisible de lana de alpaca o de oveja que ha quedado atado a las brasas de la tierra.

A veces un pajarito o una palabra cotidiana traen toda la ilusión de volver a encontrar el vergel  grabado en la memoria para no olvidar el propio paraíso.

Llegando a San Miguel de Tucumán, los pies cargan polvo  desde Jujuy pasando por Salta, en los fogones empiezan las coplas, los cielitos burlando al rey Fernando. Belgrano pasa los partes del Capitán General al otro lado de la cordillera, los triunfos de las guerrillas de los gauchos de Güemes, los infernales; y también una noche habla de las órdenes que recibe de Buenos Aires:

La orden de la Asamblea es que bajemos todos a Buenos Aires.

Fue como si se apagaran los fuegos y las estrellas de golpe. El pobrerío se distanció a sus tiendas; algunos señores tucumanos invitaron a Belgrano a  “razonar”.

            Pacha-Mama, Pacha Mamita

            Otra cosa te juré

            Cuando t’hice tanto daño.

            Era por la libertá

            Era pa’volver a’cer nuestro

            Todito el pago.

            No son míos esos Aires,

            Ni tampoco son tan Buenos-

            ¿Es q’iunos quieren lo uno

            Y los demás lo del otro?

            Nosotros abandonados

            Pagando por dejar la Pacha

            En barro seco arrugada.

En San Miguel de Tucumán el aire se corta con cuchillo.  Muchos quieren desaparecer en la montaña, y hasta dejarse matar si topan un godo

Que no, que no, que no es esa la manera; que no es por gauchos y cholos, no es  por changos y chinitas, es por la Pacha mesma. Sola no va a verdecer. Se nos va a morir la Pacha. Las montañas no tendrán valle pa’ proteger. El sol la seguirá quemando. La luna no tendrá más que negruras pa’iluminar. El viento llevará polvo, y nosotros a llorar por lo que l’hemos quitado.

Quién le llevará a Macacha hasta Salta la pregunta, ¿Qué se dice, que se calla pa’ convencer a un letra’o?

No hará falta tanto viaje, ni gritos, ni muerte alguna, el General bien comprende que no sabrán quienes son, ni para qué se han venido, y que de tanta mentira llevan el corazón perdido. Enfermo está. Nada tiene. Todo entregó y atrás queda, pues pronto  dejará este mundo.

Noticias llegan del Norte. Los godos vencidos van.

Junto al fogón esa noche una caja empieza a sonar, lenta, paso a paso como un aviso, y una voz vieja y triunfante, se eleva al cielo a cantar:

            Todos quieren que me muera

            Di adrede no vi’a morir

            Pa’l año como el coyuyo

            Cantando les vi’a salir.*

  (plbs 751)

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A María Magdalena Güemes, hermana de Martín Miguel de Güemes héroe de nuestra independencia, le decían familiarmente Macacha. También era conocida como la madrecita del pobrerío por proteger a los pobres de Salta. Tan comprometida como su hermano en las guerras de la independencia, hizo espionaje, cosió uniformes, protegió heridos y se cuenta que atravesaba las filas realistas con mensajes cosidos en el ruedo de sus faldas.


*Copla norteña.

Coyuyo: una especie de cigarra de tamaño bastante mayor que habita el norte argentino.



domingo, 11 de enero de 2026

NIÑO BIEN

 


    NIÑO BIEN

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               EEs borroso, manchas de niebla y nieve, pero oscuro. 

                No conocí al Viejo. Tal vez lo vi una o dos veces de chico. 

                Sé que era milico de alto rango y fue a conquistar tierras de agua y hielo. 

                Dicen también que tuve una hermana mayor que él casó con un amigo. 

                Ella desapareció al descubrir que su marido prefería a los soldados.

                Me llevaron  a criar al campo, no sé bien porqué. 

                No me gustó, pero aprendí artes de cuchillero. 

                Apenas crecí ya  me vine pa° la ciudad. 

                Me llamaban la farra, el pucho, el trago. 

                Bien lo sabés, nuestra  barra brava.

                Dijeron que el Viejo murió en el hielo. 

                 La Vieja se fue con mi tío y se llevó a mi hermana Electra.



 

                 ¡Que vida, nos dimos hermano, mientras duró! 

                 Viví de todas las mujeres que me bancaron. 

                 Un día apareció Electra. 

                 Resulta que al Viejo lo habían asesinado el tío y la Vieja.  

                 Ella llevaba años siendo violada por el tío, pero no daba más. Así dijo.

                 Por eso fui con mi cuchillo de carnear. 

                 Los vecinos me dijeron que estaba en la casucha del fondo, donde violaba chicas 

                  - él lo llamaba  “el lugar de arrodillarse”. 

                  La Vieja pidió perdón. 

                  Pero yo ya estaba muy borracho y Electra  dijo que nunca la defendió. 

                  Ahí no me aguanté y volví a carnear.

                 -Horacio, decile adiós a los muchachos, che. No resisto más. Es el veneno… el alcohol.


     

(244plbs.)


Para este relato he intentado no solo la posible intertextualidad de Orestes y Hamlet con un cajetilla porteño, sino incluir el lenguaje correspondiente al personaje de primera mitad del siglo XX. La referencia es, por supuesto, el tango de Gardel- Le Pera "Adiós Muchachos".