martes, 30 de junio de 2026

CACAO DE INDIAS








 El reto del Tintero de Oro para Junio de 2026 fue  escribir un relato sobre el Siglo de Oro Español, bajo el anonimato. Este relato recibió el número Anónimo 10

                                                                ___________




CACAO DE INDIAS

 

 

Mi señora, el caballero Don Luis de la Causajusta le espera en el salón.

(Hondo suspiro resignado de la dama).

Ve a entretenerlo con tus encantadoras historias que tanto le admiran, y dile que me demoro. Quiero escribir una carta.

Unas horas después,

Don Luis me ha obsequiado polvo de cacao de las Indias, dice que es bueno para el ánimo y ayuda al descanso, pero debe endulzarse con azúcar y leche para el amor. Prepara dos buenas tazas, tenemos mucho que hablar.

 Sabes bien que mi padre quiere casarme con Don Álvaro, repugnante señor de oro, minas de plata y de lo que se te ocurra, aspirante a yerno de un Grande de España. Porque no quiero obedecer, es que he aceptado que Don Luis me corteje. No es que me agrade. Al menos no me desagrada. A ojos de mi padre le faltan oros e importancia en las Cortes. Yo le encuentro aburrido, pero tú mueres por él, y él, sin saberlo, por ti.

No, no, no digas nada, ni pongas esa expresión compungida. Tengo mejores ideas que casarme con él de tapadilla y permitir que sigas a mi servicio para verte convertida en su manceba. No te apures. Pero sólo a ti -y de a uno por día - te iré contando los pasos que hemos de dar. Ni el futuro debe enterarse antes de que lleguemos a él.

Toma la bolsa con doblones y esta carta, llama a Zacarías, que enganche los caballos y te lleve a Cadiz;  entrega   ambas cosas a Fray Silvestre. Vuelve cuanto antes.

   Parte Azofaifa con el recado, y Doña Elvira envía un billete perfumado a Don Luis, solicitando su presencia.

   Ha marchado Don Luis esperanzado e inquieto a un tiempo por las últimas y misteriosas palabras de Doña Elvira: «Venced, y al levantar el velo de la novia recibiréis mi premio»

     ¿Y Doña Elvira? Ella se dirige bailando y cantando a las habitaciones de su padre. Se diría que ríe:

                                    «Don Juan de las calzas blancas,

                                    ¿Cuántos panes hay en el horno?

                                    Veinticinco y un quemado

                                    ¿Quién lo quemó?

                                    ¡Este pícaro ladrón!»

   Ni tan siquiera Azofaifa conoce el gran secreto que guarda en su corazón.

   Es hora de pasar su pañuelito manchado de cacao bajo los ojos, tomar una actitud humilde y algo llorosa y golpear a las puertas del Grande de España:

Es todo lo que pido, padre. Me entregáis a un hombre que desprecio, madre ha muerto y ya no podrá enjugar mis lágrimas. Dejadme ir solo con mi Dueña en el carruaje. Aguardadme al pie del altar. Solo mi velo será tan negro como mi pena.

   Y comienza a sollozar.

   El mismo Don Ginés está conmovido, aunque no tanto como para volverse atrás. Accede al pedido de su hija con un movimiento de cabeza por temor a que le tiemble la voz.

   Al caer la noche, la sombra de un fraile mendicante se desliza hacia los barrios bajos en busca de un catre.

   Ha vuelto Azofaifa con palabras que repetir al oído.

Será el domingo ante el Abad. Ayúdame. No llores, no digas nada. Muda hasta la bendición, serás una columna vestida de seda al costado del altar.

   Mientras caballos enjaezados llevan el coche de la novia golpeando con orgullo el empedrado, un jinete cabalga presuroso hacia el puerto.

   De dentro del carruaje, la mano enguantada de Don Luis se tiende en ayuda a la novia.

   Al llegar la doncella al altar, se muestra Don Luis y reclama

−¡Entregádmela a mí, Don Ginés! ¡Que despose a quien la ama!

   Don Álvaro:

−¡Traidor!

   Don Ginés:

−¿Qué es aquesto?

   Don Luis a Don Álvaro:

−¡Desenvaina, bellaco!

   El Abad:

−¡No en la casa del Señor! Al camposanto a pelear. Que yo mesmo cavaré la fosa de quien caiga..

   Sale también Don Ginés, da sus lentes al Abad

−Guardádlos, dice, he de salvar el honor.

   Silban las tres espadas. Una entorpece el duelo contra todos, contra el aire. Sangran brazo y pecho de Don Álvaro que huyendo, gritando va:

−¡Socorro! ¡Muerto soy!

La novia, para sí, recita:

−«Hombres necios….»

Ante el altar Don Luis pide:

−¡Buen Abad, bendícenos!

   Y don Ginés:

−Mis quevedos, por favor.

   Por fin se levanta el velo, y al unísono los tres:

−¡Azofaifa!

−Y mi hija, ¿dónde está?

                                                            ***

   Con buen viento, a toda vela, el bergantín suelta amarras.

   Don Ginés, desalado llega:

−¡Que vuelva a puerto ese barco, que tornen hacia aquí las velas!¡Por Dios, os lo pido que llevan a mi hija en  rapto!

   Ya se acerca fray Silvestre, copa de anís en la mano, va tomándole del brazo y suavemente parlando:

−Vamos, vamos, Don Ginés, ¿no es vuesa señoría uno entre Grandes de España? Beba este anís y no grite que yo mesmo aquí bendije los desposorios de la joven doña Elvira con don Francisco Olivares, quien, en el novísimo mundo, dueño de muy buenas tierras es. Sembradíos de cacao, viñas, café, algún ganado, todo eso conocerá vuecencia cuando haya perdonado, que la moza va preñada y más no se pudo hacer.

 

 

(plbs 843)


domingo, 17 de mayo de 2026

EDELWEISS

 


    Para este Mayo de 2 026, Pepe de la Torre, compañero de EL TINTERO DE ORO, nos invita  a jugar     con un reto casi cabalístico sobre el número 3. Ir a muestra biblioteca personal-(primer reto: ¿cuál        de todas las estanterías desparramadas por mi casa es “la biblioteca personal”?) Luego ir al tercer     estante contando desde arriba-(segundo reto: depende de la biblioteca y de la estatura de su dueña.     Creo que se refiere al estante a la altura de los ojos). Por fin, el tercer reto, el más simple: tomar el         tercer libro. Buscar el tercer capítulo, (parte, sección), tomar la primera frase y dejarse llevar por         eso que llamamos imaginación. Elegí la biblioteca de mi dormitorio, la que tiene los libros más a         mano a la hora de dormir o de despertar. En ella, el estante central. Y entonces…Nada menos que         mi amado Italo Calvino; nada menos que “SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO” editado     por Siruela/bolsillo en Abril de 1993. Voy al tercer capítulo: Difícil de determinar- hay diversas             subdivisiones. Opto por cerrar el libro y abrirlo al azar: ASOMÁNDOSE DESDE LA ABRUPTA             COSTA.  

 

 

EDELWEISS

Me estoy convenciendo de que el mundo quiere decirme algo, mandarme mensajes. avisos, señales.” El perro del departamento de enfrente ladra. Todo el día ladra. Ladra a los otros perros que la gente lleva a pasear, a los colectivos y los autos, al cielo, al infierno. Ladra. Su dueño lo deja allí durante su horario de trabajo, y a veces también a la noche. Un vecino le reprocha a los gritos que lo deje solo, encerrado en un pequeño balcón y molestando a la gente de la cuadra.

   Los gritos, los insultos, molestan más que los ladridos; ansío silencio. ”El silencio de la nieve al caer”, pienso, y de pronto estoy en ese lugar que uno siempre llama Siberia por lo lejano y frío, pero bien podría ser Canadá, por ejemplo. Un viento helado apura los primeros copos, pero luego la nieve empieza a caer incesante, silenciosa. Hay dos ciervos de grandes cornamentas. No sé si pelean o tratan de desenganchar las puntas.

   Ya no es la bella imagen de invierno con la que regodearse desde lejos junto al fuego. Es un silencio pesado,  peligroso como ese oso que corre a su cueva. Quisiera dormir sin el peso de ese silencio sobre la tierra.

   Defensa Animal golpea en el departamento del perro. El dueño recibe la patada de avestruz del vecino que espía escondiendo la cabeza.

   Ya no ladra el perro. Yo quisiera llorar.

   Al volver a mi manto blanco, algo pequeñísimo asoma libre, sin esfuerzo, se diría con alegría. ¿Es? ¿No es?

   Vuelve el sol y miles de arroyitos cantan sobre el silencio.  Es. ¡Edelweiss!

 

 

(Plbs 248 sin título y sin la oración de Italo Calvino)


domingo, 12 de abril de 2026

HERMANOS

 



HERMANOS

Salimos camino a la costa. Bernabé quería volver a ver el mar después de mucho tiempo. Ese mar en el que vivió y trabajó la mayor parte de su vida. Decía que el mar hablaba, que solo había que escucharlo en su ronquido constante, en sus olas, en su movimiento y hasta en su color. Decía que las aves lo entendían y le contestaban.

   Al momento de partir Bernabé quiso tomar el volante, pero Germán como siempre, dijo que era mejor que condujera él en la ruta, que su hermano había perdido la mano, y cosas así. Una vez, Bernabé, mi amigo, mi compañero de universidad me dijo:

Germán significa hermano. No podrían haberle puesto nombre más adecuado. Es menor, pero me cuida, me es fiel, está tan atento a mis necesidades y peligros que podría creerse  que es el mayor. Sabe estar siempre presente, y tiene una alegría que supera los males del mundo.

   Sí, era así. Miraba el cielo nocturno con los ojos tan brillantes como las estrellas. Arrancaba una manzana del árbol y la lustraba contra la camisa con el orgullo de tener entre las manos una de El Jardín de las Hespérides. Se recibió de ingeniero, nos casamos y fuimos a vivir fuera de la ciudad. Bernabé, escritor, editor de publicaciones selectas aunque también de muchas notas de opinión durante los tiempos del terror, quedó viviendo con su madre.

   Un día, al llegar a su casa, la vio en la puerta hablando con dos policías. Rápido de reflejos, se calzó la gorra con visera que siempre llevaba consigo, y se presentó:

Señora, el plomero.

Pase al fondo, a la cocina por favor. Enseguida estoy con usted−contestó mi suegra, tan rápida como él.

   Bernabé salió por la parte de atrás del terreno. Cuando los policías reaccionaron, no encontraron a nadie en la casa. No volvimos a verlo. En cuanto pudo, avisó que trabajaba en barcos pesqueros y con los años en barcos de carga. Fue su otra vida.

   También nuestra vida cambió para siempre. Volvimos a la ciudad a vivir cerca de la madre de Germán. Volvimos para ocuparnos de ella, a que no quedaran rastros de Bernabé durante los años de plomo, cuidando de no perder contacto, de hacerle llegar algún dinero al comienzo, de darle a su madre las mejores noticias del primogénito. No tuvimos hijos. ¡Tanto que le habría gustado a Germán!

   Un día, ya enferma mi suegra, lo vimos aparecer con la visera sobre los ojos, diciendo:

−¡Plooo mee ro!  

     No obstante la inteligencia y la lucidez de su juventud, era un hombre envejecido por el desgaste de años de trabajo duro. Otra vez nos hacíamos cargo del hermano mayor. Volvieron la risa de Germán, las interminables charlas de Bernabé, las noches de verano con una cerveza bajo las glicinas y toda una manera de vivir que creímos perdida para siempre. Envejecíamos sí, pero en un tiempo de acompañamiento, buen humor y hasta de sabiduría. Era una pausa.

Sin embargo, a Bernabé le faltaba el mar.

                                                            ***

  Dos luces enormes en la oscuridad de la ruta, un monstruo gigantesco sobre nosotros, ruido de vidrios y frenadas. Grité, ¡Germán, Bernabé! Nada más.

−Un brazo y varias costillas rotas, algunas heridas cortantes no muy profundas. La sacó muy barata, señora.

−Y mi marido, y mi cuñado, ¿cómo están?

−Por ahora no tengo información. Descanse. Duerma, le hará bien. Es un shock muy fuerte.

   Meses después de haber enterrado a Germán, mi alegría de vivir, fui a ver a Bernabé todavía internado, aunque ya en decidida recuperación. Pasé días dando vueltas   y más vueltas preguntándome cómo se da la noticia de la muerte de un hermano.

   Me vio entrar, clavó su mirada en mis ojos, y no tuve que explicar nada. Lloramos hasta quedarnos sin lágrimas.

   Fue otro gran giro en la lemniscata de la vida. De tanto en tanto nos visitábamos, o iba a buscarlo para andar un poco sin cansarlo. Hablábamos, recordábamos. Bernabé giraba hacia una espiritualidad sin religión; sin embargo su pregunta más frecuente era ¿por qué? ¿Por qué siempre protegido por Germán en todas las encrucijadas de la vida? ¿Por qué no está vivo Germán? ¿Por qué fue él quien me protegió?

Miles de preguntas sin respuesta que lo mortificaban y de algún modo lo culpaban por cuanto había pasado en nuestras vidas. Me dolía verlo torturarse. Intenté tomar distancia. Aunque amaba pensar en Germán, hablar mentalmente con él, recordar momentos de nuestra intimidad, su risa, su mirada, su voz.. ¡ah, su voz cálida, que iba hacia el mundo sin gritar como un viento agradable y fresco! Al estar con Bernabé, lo que volvía era el hondo pesar. Nunca seré como Germán. Intento ayudar, pero el impulso y lo que me queda de vitalidad son de corto alcance. Sin embargo, no ver más a Bernabé era como negar nuestra propia vida, nuestra historia. Tomé coraje y lo llamé. Lo oí fuerte, rejuvenecido, entusiasta. Fui.

   Ya no hablamos de recuerdos, sino del presente, del mundo de hoy. Sobre la puesta del sol, después de un largo silencio, dijo:

−En la búsqueda todo cobra sentido. No hace mucho descubrí que la pregunta correcta es ¿Para qué? Vuelvo al mar. Fuiste mi hermana en la familia de origen, pero mis hermanos de elección fueron los que me dieron una nueva vida. Son mi mundo. A ellos vuelvo. Les debo todo lo que hoy sé.

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(900PLBS)  

  En Argentina PLOMERO es el equivalente a FONTANERO en España.

Bernabé y Germán son dos personajes de relatos de hace ocho o diez años. Quedaron en el olvido sin motivo aparente, y reaparecieron ahora sin mucha conciencia de mi parte. Al buscarlos, encontré que en esos relatos también se tocaba el tema del destino aunque de muy otro modo. Es notable cómo nuestros personajes pueden acompañarnos a través del tiempo.


domingo, 8 de marzo de 2026

PENURIAS DE MANDINGA

 



 PENURIAS DE MANDINGA

¿No podrías aligerar un poco, digo yo? Sí, de día me divierto mucho, tus humanos son muy tontos. Les ofrezco un pedazo de plástico o cualquier imagen falsa de felicidad diciéndoles: <Es rápido, fácil y barato> y les basta para dejarse agarrar. O les infundo un poco de miedo y ya encendieron la avidez, la pereza, la envidia, la soberbia o las ansias de poder, caen solitos en el círculo correspondiente. Pero, “Lo poco agrada, lo mucho enfada”. Mira a esos dos, tan apasionados que quise regalarles un poco más de fuego, y ahí están desde hace siglos tan atados el uno al otro que cuando ella le dice <¡córrete para tu lado!>,él, lo único que puede hacer es apretarla más. Si Paolo quiere pedirle un rato de silencio, Francesca multiplica su discurso hasta el agotamiento. Apenas un ejemplo.

Lo grave es lo mío. Estoy intoxicado. Tengo que devorar todos los días a Judas y su lista de traidores. ¿Resultado? Indigestión, constipación, cagadera hasta el infinito. Y son tantos que no  alcanzan mis tres cabezas.

 

Querías ser el Todopoderoso, ¿no? Te di toda la oscuridad y te mandé al séptimo círculo. Lo primero que debe lograr un poderoso es  respetar los pactos. Reconozco que tu trabajo me ha venido bien muchas veces. Si todo fuera luz, no la verían.. Hasta los traidores terminan aprendiendo aunque les lleve milenios, pero el pacto es hasta el fin de los tiempos. Por entonces, veremos. Entre tanto…¡Mastica bien!

 

 

 

(249 plbs)

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Como es obvio, los personajes de Paolo y Francesca, y la situación del Diablo en el Séptimo Círculo del Infierno, son una directa referencia a la Divina Comedia de Dante Alighieri.  



sábado, 14 de febrero de 2026

DEJARLO TODO

 




DEJARLO TODO

 

 

 

            Pacha- mama, Pacha-mamita,

            diz q’hemos de hacerte daño

            diz que los godos vienen.

            A robarte vienen

            Levantan los sembradíos

            Comen nuestros cabritos

            Beben tus puras aguas.

Así va murmurando el viejo, como rezando, mientras lo arranca todo, hasta el último hierbajo de raiz. Mata los animales que no podrán llevar en pie, los carnea y se lleva hasta los cueros. Dejará sólo los huesos que muestren desolación pero que tarde o temprano alimenten la tierra.

 

Emponzoña los pozos de agua y los tapa.

Perdóname, agüita clara…

La madre del pobrerío trae mensajes en el ruedo de su vestido. Avisa por dónde galopa el enemigo. Entonces, Don Martín su hermano, al mando de los infernales sabe cómo correrlo con fusiles, cuchillos y ponchazos que lo cieguen en el viento.

Belgrano, entre tanto, los hará dejar todo atrás. Hoy o nunca es la independencia de su tierra.

 

Tierra arrasada”  ordena el General.

            Han de matar sus monturas

            Si es q’ellos quieren comer

            Ni una gota de rocío han de hallar para beber.

 

Cargar burritos y mulas con alforjas llenas de granos y provisiones, arrear animales. Ayudar a los más débiles, a las mujeres y a los changuitos más pequeños a trepar a carros con mantas y provisiones, y por fin, dolor, dolor, quemar hasta el último rancho de barro y paja.

Dejar la puna.

Mirar atrás: San Salvador del Jujuy desaparece tras el humo negro, y el humo toma formas monstruosas entre las lágrimas.

Andar, andar. Pasar varias noches antes de volver a ver la luna sobre la cordillera. El silencio es el compañero. Nada que decir, nada que cantar. Juntar los pasos durante quince días de camino en la sangre que va y viene del corazón a la cabeza, a las piernas y a los brazos para todo lo necesario pero no para la alegría. No todavía.

El éxodo es tan árido como el desierto mismo. Anudado a la cintura hay un hilo largo, invisible de lana de alpaca o de oveja que ha quedado atado a las brasas de la tierra.

A veces un pajarito o una palabra cotidiana traen toda la ilusión de volver a encontrar el vergel  grabado en la memoria para no olvidar el propio paraíso.

Llegando a San Miguel de Tucumán, los pies cargan polvo  desde Jujuy pasando por Salta, en los fogones empiezan las coplas, los cielitos burlando al rey Fernando. Belgrano pasa los partes del Capitán General al otro lado de la cordillera, los triunfos de las guerrillas de los gauchos de Güemes, los infernales; y también una noche habla de las órdenes que recibe de Buenos Aires:

La orden de la Asamblea es que bajemos todos a Buenos Aires.

Fue como si se apagaran los fuegos y las estrellas de golpe. El pobrerío se distanció a sus tiendas; algunos señores tucumanos invitaron a Belgrano a  “razonar”.

            Pacha-Mama, Pacha Mamita

            Otra cosa te juré

            Cuando t’hice tanto daño.

            Era por la libertá

            Era pa’volver a’cer nuestro

            Todito el pago.

            No son míos esos Aires,

            Ni tampoco son tan Buenos-

            ¿Es q’iunos quieren lo uno

            Y los demás lo del otro?

            Nosotros abandonados

            Pagando por dejar la Pacha

            En barro seco arrugada.

En San Miguel de Tucumán el aire se corta con cuchillo.  Muchos quieren desaparecer en la montaña, y hasta dejarse matar si topan un godo

Que no, que no, que no es esa la manera; que no es por gauchos y cholos, no es  por changos y chinitas, es por la Pacha mesma. Sola no va a verdecer. Se nos va a morir la Pacha. Las montañas no tendrán valle pa’ proteger. El sol la seguirá quemando. La luna no tendrá más que negruras pa’iluminar. El viento llevará polvo, y nosotros a llorar por lo que l’hemos quitado.

Quién le llevará a Macacha hasta Salta la pregunta, ¿Qué se dice, que se calla pa’ convencer a un letra’o?

No hará falta tanto viaje, ni gritos, ni muerte alguna, el General bien comprende que no sabrán quienes son, ni para qué se han venido, y que de tanta mentira llevan el corazón perdido. Enfermo está. Nada tiene. Todo entregó y atrás queda, pues pronto  dejará este mundo.

Noticias llegan del Norte. Los godos vencidos van.

Junto al fogón esa noche una caja empieza a sonar, lenta, paso a paso como un aviso, y una voz vieja y triunfante, se eleva al cielo a cantar:

            Todos quieren que me muera

            Di adrede no vi’a morir

            Pa’l año como el coyuyo

            Cantando les vi’a salir.*

  (plbs 751)

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A María Magdalena Güemes, hermana de Martín Miguel de Güemes héroe de nuestra independencia, le decían familiarmente Macacha. También era conocida como la madrecita del pobrerío por proteger a los pobres de Salta. Tan comprometida como su hermano en las guerras de la independencia, hizo espionaje, cosió uniformes, protegió heridos y se cuenta que atravesaba las filas realistas con mensajes cosidos en el ruedo de sus faldas.


*Copla norteña.

Coyuyo: una especie de cigarra de tamaño bastante mayor que habita el norte argentino.



domingo, 11 de enero de 2026

NIÑO BIEN

 


    NIÑO BIEN

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               EEs borroso, manchas de niebla y nieve, pero oscuro. 

                No conocí al Viejo. Tal vez lo vi una o dos veces de chico. 

                Sé que era milico de alto rango y fue a conquistar tierras de agua y hielo. 

                Dicen también que tuve una hermana mayor que él casó con un amigo. 

                Ella desapareció al descubrir que su marido prefería a los soldados.

                Me llevaron  a criar al campo, no sé bien porqué. 

                No me gustó, pero aprendí artes de cuchillero. 

                Apenas crecí ya  me vine pa° la ciudad. 

                Me llamaban la farra, el pucho, el trago. 

                Bien lo sabés, nuestra  barra brava.

                Dijeron que el Viejo murió en el hielo. 

                 La Vieja se fue con mi tío y se llevó a mi hermana Electra.



 

                 ¡Que vida, nos dimos hermano, mientras duró! 

                 Viví de todas las mujeres que me bancaron. 

                 Un día apareció Electra. 

                 Resulta que al Viejo lo habían asesinado el tío y la Vieja.  

                 Ella llevaba años siendo violada por el tío, pero no daba más. Así dijo.

                 Por eso fui con mi cuchillo de carnear. 

                 Los vecinos me dijeron que estaba en la casucha del fondo, donde violaba chicas 

                  - él lo llamaba  “el lugar de arrodillarse”. 

                  La Vieja pidió perdón. 

                  Pero yo ya estaba muy borracho y Electra  dijo que nunca la defendió. 

                  Ahí no me aguanté y volví a carnear.

                 -Horacio, decile adiós a los muchachos, che. No resisto más. Es el veneno… el alcohol.


     

(244plbs.)


Para este relato he intentado no solo la posible intertextualidad de Orestes y Hamlet con un cajetilla porteño, sino incluir el lenguaje correspondiente al personaje de primera mitad del siglo XX. La referencia es, por supuesto, el tango de Gardel- Le Pera "Adiós Muchachos".



sábado, 13 de diciembre de 2025

VIVIR EN ESPAÑOL

 




VIVIR EN ESPAÑOL

 

 

−¡ Feliz Navidad, madre!

−¿Qué es esto?

−Un aparatito mágico para que lleves el mundo en tus manos. Nunca más estarás sola.

−No me engañes. Ya no soy una niña.

      No te engaño, todos tenemos uno. Es un móvil para que puedas hablar con nosotros y muchas cosas más.

−¿Qué es un móvil?

−¿Ya lo has olvidado? Un teléfono que puedes llevar contigo, con el que puedes hacer mucho más que hablar. Es casi un  gepeese para conectarte con el mundo.

−Qué es un gepeese?

−Una suerte de mapa de ruta. Según la apepe que elijas puedes conectarte conmigo, con las noticias del mundo, escuchar música, ver recetas de cocina, ver tu cuenta del banco y mucho más.

−Perdona hija, pero tampoco sé lo que es una apepe.

−Te explico rapidito porque estoy apurada. Tengo millones de cosas que organizar para las vacaciones con Vicente y los chicos. Mira; ¿ves este círculo verde con una flechita? Es para llamarme. Se llama juatsap. Tocas allí, tocas donde ves el tubo y me llamas. Si yo te llamo, tocas el verde que dice responder. ¿De acuerdo? Aquí la apepe del banco, esta otra las noticias, la música y más. Irás probando. Tienes el mundo para entretenerte. Te llamo mañana. Cuando suene, tocas el verde, ¿si?

−¿Habla español?

−Claro que sí. Tocas donde dice ayuda, escribes una pregunta y el aparatito mágico te contesta. Hasta mañana.

                                                            ***

Aparatito, aparatito  mágico que traes el mundo a mi hogar,

¿qué me cuentas, qué me enseñas, qué es lo que debo ver hoy ?

EL MAPA DE LOS GENES HUMANOS TIENE UN AGUJERO NEGRO; DEJARÍAMOS AFUERA UNA PARTE DE LA HUMANIDAD.

Caramba, móvil, sin agujero negro ni nada del estilo ya hemos dejado fuera gran parte de la humanidad. Mira bien antes de escribir

OPERA EN LÍNEA TODA LA EVOLUCIÓN DE LA TIERRA EN 10´

Bicho loco, me estoy enojando…¿Cómo la evolución de la tierra va a operar como si fuera un médico y encima en diez minutos. Quédate aquí. Aunque quepas en mi mano no te llevaré a la cocina y menos a mi dormitorio. No me fío. Mañana volveremos a hablarnos, Apepe. ¡Vaya nombre! ¿Será un tal Pepe el que conteste?  ¡Ojalá sea simpático!

A la mañana siguiente, muy temprano, un timbre desconocido suena sin parar. Clementina se despierta sobresaltada. Semidormida  se acerca a la puerta del departamento a ver quién es. No hay nadie. El timbre vuelve a sonar y sonar como una musiquita desafinada. Recuerda su aparato mágico y va al comedor. Allí está temblando de luces y sonidos. ¿Cuál era el verde que debía tocar?. El aparato mágico queda mudo.

Fastidiada porque Apepe la ha despertado, da dos pasos hacia la cocina, y el timbre vuelve a sonar. Ve algo verde y algo rojo y sin leer aprieta el verde.

−Hola, buen día ¿cómo estás?

−Ah, sos vos. Qué voz rara. ¿Por qué tan temprano?

−Nos vamos de excursión y no sé si tendremos señal.

¿Quién te hace señas?

Nadie, mamá. Es la señal de juatsap.

Ah, ¿no es el Pepe de Apepe?

−Parece que estás de buen humor. Mejor así. Te llamo a la noche. Y no dejes móvil lejos, así lo oís.

−Siempre apurada mi hija. Veamos aparatito mágico, aquí está el Pepe de mi cuenta, vamos a preguntarte algo.  Ayuda: escriba una pregunta.

¿Hola Apepe, dime cuánto dinero tengo en mi caja de ahorro.

−No hemos comprendido su pregunta. Intente de nuevo.

−Que cuál es el resumen de mi cuenta.

Su pregunta no se entiende. Le paso con un operador.

−Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

−Quiero saber el resumen de mi cuenta.

−Señora, yo no puedo verlo. Vaya a Cuentas de la apepe y ahí lo verá.

−Pero, no es que responden todo por teléfono…

−Señora, usted tiene todos los datos en la  apepe del banco. Buenos días.

−Esto es un engaño, no sirve para nada, Es perder el tiempo y encima te tratan como si una fuera tonta porque ellos no saben hablar en español. ¡Mal educados! Y ni tan siquiera  era un Apepe sino  una Apepa pretenciosa.

A ver si ahora me pasas una buena receta de cocina para cuando reciba a mis nietos. ¿No te gustaría que les contara que es una receta de Apepe?

APRENDE A COCINAR SOLOMILLO DE CERDO CON BATATAS A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UNA SERPIENTE

Ahhhh!

−¡Que aparato mágico ni que monsergas! Es un aparato del demonio, cargado por Belcebú. La lámpara de Aladino era mil veces mejor. Al menos el genio se mostraba,  hablaba el idioma de Aladino y trabajaba para él. ¡A la basura, a la basura!

(No, mejor no tirar las cosas del diablo a la basura. Puede dañar a a otro., Lo que es del Belcebú, que vuelva a Belcebú. Habrá que quemarlo.)

                                                            ***

−Hola, Adela, le habla Silvia la hija de Clementina. Estoy preocupadísima: mi madre no contesta el teléfono desde hace tres días. ¿Usted sabe algo?

−Será mejor que vuelvas, hija. Tu madre está bastante bien, pero internada con algunas quemaduras. No te asustes. Los médicos dicen que se recuperará. Hubo un incendio en el patio de su casa. Nadie sabe cómo. Parece que quiso quemar algo, pero ella lo único que dice es que fue obra de Belcebú que se niega a hablar español. Pobre, tan bien que tenía su cabeza hasta hace unos días…   

(897 plbs.)