miércoles, 14 de septiembre de 2022

VIENTOS

 Puedes usar esta imagen para acompañar a tu micro



                                   VIENTOS

La oscuridad del abismo llama. Aún no baja la mirada, pero en el horizonte también llama la oscuridad. Una copa de veneno en una mano, una pistola en la otra. No fallará. El mundo le ha fallado. Todo cuanto cree merecer y no ha recibido se apelmaza en nubes de resentimiento. Colores sucios. Un silencio ominoso. No hay lágrimas ni autocompasión; tampoco una nostalgia o un recuerdo de infancia. Nada que se parezca al amor. Sólo odio. Un odio atroz vuelto contra sí mismo. Basta romper el equilibrio con un movimiento cualquiera, la punta del pie que se desliza hacia el vacío, la mano temblorosa que intenta afirmar el arma, la rendición en la cintura que se pliega, o beber, solo beber. Quizá sea lo mejor. Pero su cabeza no cesa de lucubrar, dudar, especular en una ronda sin fin.

Por un instante parece que el universo entero estuviera pendiente de su decisión. Un aire muy sutil sopla su nuca. ¿Acaso las plumas de un ave? Se repite algo más fuerte.

La lluvia se abalanza sobre la tierra y allá lejos, detrás de él, sube el canto de una alondra.

Deja caer el arma al vacío, derrama el veneno entre las piedras dando la espalda a la negrura, y se vuelve ahora de cara al viento que lo llama en el canto de la alondra.

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225pps. con título

Citas: …No, lo último es la soledad del hombre,/la soledad del mar,

la soledad de Dios cuando está a nuestro lado

Y no vemos otra cosa que una sombra o un silencio.

                                                           Mario Morales (1936-1987)

Cantar es en verdad otro aliento,

Un soplo en torno de nada. Un vuelo en Dios. Un viento.

                                               Rainer M. Rilke (1875-1926)                                                     

                         



lunes, 13 de junio de 2022

ENTRE EL ALCE Y LA PERVERSIDAD

Si queréis, podéis acompañar vuestro relato con esta imagen


De acuerdo a la propuesta de David Rubio Sanchez para este mes, elegí mencionar ya desde el título dos espléndidas narraciones de Poe. Considero El Alce como uno de sus más bellos cuentos y quise contraponerlo al Demonio de la Perversidad que está en la línea del terror gótico solicitado.


Tengo frío, mucho frío. Consigo lo que he buscado, no lo que ansié.

Siempre me gustó leer, uno de los motivos de mofa de mi patrón, pero eso ya no importa. Recuerdo un cuento que en su momento me pareció la perfecta descripción de la belleza en la paz. Hacia el final de la historia, un alce tranquilo, manso surgía en el paisaje;  llegaba un hombre con un puñado de sal en la mano, se lo ofrecía mientras le pasaba un lazo por la cabeza y se lo llevaba. Recuerdo también haber ansiado con todas mis fuerzas que llegara un momento en mi vida en el que alguien me ofreciera un puñado de sal y yo me dejara llevar. Pero en mi sangre siempre ha podido más el demonio de la perversidad.

Éramos una familia pobre de varios hijos. Comencé a trabajar muy pronto en una carnicería grande de nuestra vecindad que abastecía casas de gente rica. Nunca sabré si fue mi padre quien pidió trabajo para mí, o si fue el carnicero quien le pidió un chiquilín que lo ayudara. Según los días y el humor de mi patrón, la historia se repetía de distintas formas: “Te traje para enseñarte y darte de comer porque me daba pena verte tan mal alimentado”; o bien “No sé por qué tuve que creerle a tu padre que servías para algo”. Esas frases eran preámbulo de burlas y descalificaciones constantes. Otra de sus supuestas bromas era usar su enorme cuchillo, que hacía bailar en el aire con habilidad asombrosa, para asustarme o ponerme en ridículo. Llegó al extremo de desprenderme el pantalón con la punta del cuchillo delante de la hija de una cliente que era mi compañera de escuela. Jamás odié tanto a alguien.

Pero para vengarme no podía contar con un físico casi esmirriado contra un hombrón capaz de cargar media res sobre sus espaldas. Debía pensarlo bien y planearlo de modo que nadie pudiera descubrirme. Por otra parte, en mi cabeza resonaba siempre la voz de mi madre: “Aprende a respetar al menos. Piensa que gracias a que cada día traes algo de lo que le ha sobrado de sus ventas, podemos comer mejor.” Las sobras para los perros, eso nos daba. Más resonaban las palabras de mi madre, más y más el demonio de la perversidad se apoderaba de mi alma. El alce se iba borrando de mi memoria.

Con el tiempo, el trabajo de mi padre fue mejorando. Dejé la carnicería y pude terminar mis estudios. Aquella época pertenecía a un pasado doloroso que parecía quedar atrás. Un día, pasando en bicicleta frente a la carnicería, lo vi afanándose en la cerradura de la puerta del enorme congelador donde se guardaban las reses. Frené en seco. Algo me dijo que allí estaba la clave de mi venganza. Lo saludé amablemente y le pregunté qué hacía. Me dijo que esa puerta era muy pesada y se cerraba con excesiva facilidad, lo que la convertía en un peligro para quien entraba al congelador, de modo que estaba modificando la cerradura. Le ofrecí ayuda y observé todo el proceso grabando cada paso con mucha precisión.

Dejé pasar algo más de un mes. Que se sintiera seguro de su trabajo, que se relajara; que se olvidara de haberme visto.

Aproveché una noche de un domingo de invierno, cuando según sus costumbres pasaba la tarde bebiendo junto al fuego y maltratando a su mujer, para colarme por la entrada secreta que yo conocía bien, y con sumo cuidado deshacer paso a paso su seguro en la cerradura. Una vez comprobado el resultado, me fui.

Dio la casualidad o mi demonio –de ningún modo puedo hablar de la Providencia- que quizás el frío y la culpa me enfermaran. Estuve varias noches delirando. Mi madre me dijo que repetía una sola frase: “Las ratas merecen morir.” Días más tarde mi padre trajo la noticia. La puerta se había cerrado, no pudo abrirla. Se enteraron muchas horas después, cuando su mujer vio que no volvía. Como nadie sabía de su preocupación y del trabajo que se había tomado, la policía interpretó su muerte como un accidente. Yo llevaba varios años sin trabajar allí, además había estado en cama al cuidado de mi madre. Nunca habría sido un sospechoso.

Había triunfado sobre mi enemigo y sobre el mundo. Durante unos meses me sentí exultante, poderoso. El único acto creador del hombre es el crimen, la procreación es obra de la naturaleza, me decía riendo. Sin embargo, mi exaltación duró poco. La perversidad misma me empujaba a contarle al mundo mi proeza.

¿Quién no quiere envanecerse de su obra ante los demás? De haber sido así, en cierta forma habría recuperado al alce al entregarme a la justicia, pero creyéndome Creador también creció el orgullo. Hoy, nadie está a mi altura como para merecer castigarme. Solo yo puedo hacerlo. Elijo la muerte de mi víctima.

No puedo dejar de temblar.  Mi sangre se congela en la perversidad.

He enviado por correo (no sea que se apresuren a buscarme) una carta a mi madre. Al menos así me encontrarán y podrán enterrarme. Ella sabrá si entregarla a la justicia. Esta vez me dejaré llevar.

Le pido también que, en lugar del acostumbrado puñado de tierra, eche sobre mi féretro un puñado de sal.


jueves, 12 de mayo de 2022

CIENTÍFICOS CONSTATAN SORPRENDENTE MUTACIÓN





 



Salud y Ciencia                                                        11 de Mayo  2032

 

 

CIENTÍFICOS CONSTATAN SORPRENDENTE MUTACIÓN



  La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar la información corroborada por genetistas de todo el mundo,  que se ha comprobado una verdadera mutación en el cuerpo humano. Todos los niños nacidos en los últimos diez años, tienen índice y pulgar de ambas manos extraordinariamente más largos y flexibles que los de generaciones anteriores, y una notable desproporción en relación a los otros dedos. Al parecer esto se debería al uso excesivo de dichos dedos en teléfonos móviles  durante varias  generaciones. 

La OMS comunica asimismo que no tratándose de deformaciones casuales en  comunidades aisladas sino de una verdadera mutación, esto no representaría ningún riesgo para la salud. Tampoco debería preocupar en modo alguno a las familias de estos niños. Sin embargo, no puede dejar de señalar que es la primera mutación que se constata en milenios.

¿GUETOS FEMINISTAS O PROTECCIÓN CIUDADANA?

 


Microrretos 2032

EN POLÍTICA Y SOCIEDAD                                  11 de mayo 2032

 

Guetos Feministas o Protección Ciudadana?


   En razón del estrepitoso fracaso de las medidas aplicadas  para proteger a las mujeres contra  acosos y maltratos,  grupos radicalizados de nuestra sociedad han presentado un proyecto de ley para la creación de barrios cerrados para mujeres en situación de riesgo. De hecho, ya existen algunas comunidades que intentan protegerse de manera privada. El proyecto propone la creación de barrios cerrados donde las mujeres podrían desarrollar su vida profesional y familiar, protegidas por vigilancia especializada. Eso sí, saldrían siempre acompañadas por guardaespaldas y con los rostros cubiertos de tal modo de no ser reconocidas.

 Mañana, frente al Congreso se esperan dos grupos de manifestantes enfrentados: los que hablan de discriminación y hasta de retorno a la esclavitud, y los que proponen la protección a la sociedad y la familia- Hay un tercer grupo autodenominado “Verdaderos Machos” que se proponen asistir al mismo lugar y a la misma hora para reclamar su derecho a llevar su vida familiar sin que el Estado se inmiscuya en su privacidad y formas de relación. El gobierno estudia posibles medidas de seguridad para evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre.

Se aconseja a la población no acercarse al centro cívico a partir de las 15 hs.















































miércoles, 16 de marzo de 2022

¡PODRÍA LIMPIAR MEJOR, BELTRÁN!

 




«¿Será posible? ¡Vieja de mierda! Las dos de la mañana… No, no pienso contestar; si olvidó las llaves que llame a su amiga», murmura Beltrán semidormido ante el sonido del teléfono móvil que lo despierta. Pero la vecina del sexto piso que molesta siempre a las horas de descanso; a quien a diario le pasa un “pudo haber sido una tragedia”, y nunca retribuye  siquiera con una sonrisa, insiste, insiste, insiste. Beltrán se rinde.

Las puertas del ascensor no cierran, Beltrán. No voy a subir seis pisos.

Voy.

« Ni una disculpa, ni un buenas noches, a veces la mataría». Va hasta la sala de máquinas y mueve una palanca. El ascensor arranca. Beltrán vuelve a la cama, pero una rata se cuela  por las puertas tijera trabando la segunda al instante.

La mañana es de gritos y espanto. Todo el consorcio multiplica teorías sobre lo que pudo haber pasado. Tampoco Beltrán lo entiende. Le preocupa la posible investigación policial, sin embargo  los viejos resentimientos pueden con él: «¡Ni muerta va a dejar de joder esta mujer!»

La vecina del sexto yace en el piso del ascensor con parte de la pierna izquierda trabando la puerta del aparato.

En el sótano, la rata disfruta unos granos que cayeron  de la cartera abierta.

La vecina contempla su cuerpo caído con tan poca elegancia y dignidad y aun insegura de su muerte se dice: «Podría limpiar mejor este hombre…  Así, nadie sabrá jamás porqué he muerto».


domingo, 13 de febrero de 2022

CARAMBOLA





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La primera bola fue la mañana en que su madre dijo, «si querés zapatillas o pilchas nuevas, ganátelas vos. Mi trabajo alcanza solo para la comida».

Fue al campito donde sus compañeros jugaban al fútbol. Iban a hacerse ver, a que alguien de algún club quisiera llevarlos a entrenarlos y de paso darles de comer,  algo de contención. Pero ya habían formado equipo. Se quedó mirando apoyado contra un poste. Soñaba con los ojos entrecerrados. Sonó un gooool mucho más fuerte en el grito que en la acción, y se imaginó   haciendo entrar la pelota en el arco. Por un segundo fue Messi.

Alguien habló a su lado:

¿Vos no jugás?

Negó con la cabeza antes de ver quien le hablaba.

Hoy llegué tarde al equipo. Además no me quieren con ellos. Dicen que soy lento.

El Viejo del último corredor, ¿lo conocés? anda buscando pibes para reparto de mercadería, paga bien. Te conviene. Más rápido, más guita y más libertad que el furbito.

Por un segundo el sol le pegó en los ojos. Fue. A la tarde al volver, Estela de la tercera casilla que lo miraba siempre desde la puerta, le sonrió.

Segunda bola.

Exultante, casi gritó:

Vieja, conseguí laburo: repartidor del Viejo del fondo. ¿Qué tal? Dice que puedo progresar.

Limpio, puntual, cumplidor con lo que te pidan. Así vas a progresar.

Y otra vez sale ella a su trabajo  en una de las tantas casas donde limpia vidrios, tiende camas, lava ropa, lustra pisos. No se queja. Con tal de que su hijo le salga bueno y pueda irse de la villa… A ella le habría gustado que estudiara, pero no es para eso. Ahora se conforma con que trabaje. Tampoco sabe quién es el Viejo. Trata de no saber. En cambio le gusta hablar con sus patronas. Contarles, por ejemplo, que su hijo es buscavidas y no quiere depender de ella.

El Javi es un buen chico, jamás me dió un dolor de cabeza exagera.

Doña Cata ya anciana, «la quiere como a una hija», y suele darle ropa y cosas en desuso. Para un cumpleaños  hace ya unos años, le regaló un relicario que no usará jamás; ¿cuándo ponerse eso viviendo en una villa? Pero lo guarda como  prueba de su valor. Hay alguien en el mundo que la considera tan valiosa como para tener una alhaja así. Y se la ha dado.

Y así sigue la vida, «de casa al trabajo y del trabajo a casa» sin preguntas, sin respuestas. Le parece que el Javi está más delgado y como ensimismado. ¿Se estará enamorando? Lo ha visto charlando con la Estela. Ella es mayor y mucho más avispada, pero tal vez lo despierte. El misterioso Viejo del corredor del fondo sí le da mala espina. Mejor no pensar.

 

La primera ganancia fue, por supuesto, para pilchas nuevas. El Viejo le  dió una moto robada y una mochila de doble fondo para llevar la mercadería a los clientes que no quieren que los vean entrar a la villa; menos aún ir al corredor del fondo.

Estela, siempre con un  brillo raro en los ojos, es cada día más amigable. Una tarde pregunta:

¿Sabés qué repartís?

Hmmm. No pregunto.

Estela ríe. Parece que se burla.

Fijate, por ahí podrías traer algo para el sábado. Es mi cumpleaños, dice con picardía.

Un relámpago lo deslumbra y lo deja clavado en tierra. Estela lo está invitando y él  muere por demostrarle que es todo un hombre.

Sí, ha comprendido  el extraño brillo de sus ojos, ha entendido perfectamente el pedido, pero  qué más, qué más. Para una mujer como esa todo es poco.

En pocos días la moto ruge a velocidades tan peligrosas como sus pensamientos. Se revuelve en infinitas contradicciones entre Estela y su madre. Por fin rebusca en bolsillos, bolsos, cajones  hasta dar con el relicario. Recuerda muy  bien la sonrisa de su  madre cuando se lo mostró. Por un instante siente algo como un cuchillito en el pecho. Aparecen los ojos de Estela. En lugar del cuchillito hay una exaltación: ahora sabe qué hacer. Con un alfiler pincha el borde de una bolsita, deja caer algo del polvo blanco dentro del relicario, lo cierra y lo envuelve con el papel más vistoso que encuentra y se prepara para un sábado de gloria.

Estela ha sonreído al abrir su regalo. A medianoche lo prueba y la sonrisa se convierte en una mueca, la sacuden convulsiones. Javi desespera, la carga, grita, pide ayuda y la llevan al hospital entre varios vecinos.

De pronto  la ciudad entera es un grito. De muy distintos barrios  sale gente cargando a otros que parecen borrachos.

Estela ha muerto.

Tercera bola.

La policía invade el lugar, encuentra la mochila de Javi y el relicario. Lo detienen. El Viejo ha huido.

En las noticias de la tarde doña Cata ve a su mucama, «a quien quiere como a una hija» llorando ante el relicario que sostiene un policía y diciendo, « mi hijo trabaja para pagarse sus gastos».

Doña Cata suspira y llama a una amiga. No, el relicario era una bisuteria bastante buena no más. Se lo había regalado porque le gustaba mucho y ya se sabe cómo es esta gente, cree que todo lo que brilla es oro.

En el patio del reformatorio, Javi ve acercarse a un muchacho mayor.

¿Sabés cómo son las cosas acá?

Nueva carambola.