sábado, 14 de febrero de 2026

DEJARLO TODO

 




DEJARLO TODO

 

 

 

            Pacha- mama, Pacha-mamita,

            diz q’hemos de hacerte daño

            diz que los godos vienen.

            A robarte vienen

            Levantan los sembradíos

            Comen nuestros cabritos

            Beben tus puras aguas.

Así va murmurando el viejo, como rezando, mientras lo arranca todo, hasta el último hierbajo de raiz. Mata los animales que no podrán llevar en pie, los carnea y se lleva hasta los cueros. Dejará sólo los huesos que muestren desolación pero que tarde o temprano alimenten la tierra.

 

Emponzoña los pozos de agua y los tapa.

Perdóname, agüita clara…

La madre del pobrerío trae mensajes en el ruedo de su vestido. Avisa por dónde galopa el enemigo. Entonces, Don Martín su hermano, al mando de los infernales sabe cómo correrlo con fusiles, cuchillos y ponchazos que lo ciegue en el viento.

Belgrano, entre tanto, los hará dejar todo atrás. Hoy o nunca es la independencia de su tierra.

 

Tierra arrasada”  ordena el General.

            Han de matar sus monturas

            Si es q’ellos quieren comer

            Ni una gota de rocío han de hallar para beber.

 

Cargar burritos y mulas con alforjas llenas de granos y provisiones, arrear animales. Ayudar a los más débiles, a las mujeres y a los changuitos más pequeños a trepar a carros con mantas y provisiones, y por fin, dolor, dolor, quemar hasta la última choza de barro y paja.

Dejar la puna.

Mirar atrás: San Salvador del Jujuy desaparece tras el humo negro, y el humo toma formas monstruosas entre las lágrimas.

Andar, andar. Pasar varias noches antes de volver a ver la luna sobre la cordillera. El silencio es el compañero. Nada que decir, nada que cantar. Juntar los pasos durante quince días de camino en la sangre que va y viene del corazón a la cabeza, a las piernas y a los brazos para todo lo necesario pero no para la alegría. No todavía.

El éxodo es tan árido como el desierto mismo. Anudado a la cintura hay un hilo largo, invisible de lana de alpaca o de oveja que ha quedado atado a las brasas de la tierra.

A veces un pajarito o una palabra cotidiana traen toda la ilusión de volver a encontrar el vergel  grabado en la memoria para no olvidar el propio paraíso.

Llegando a San Miguel de Tucumán, los pies cargan polvo  desde Jujuy pasando por Salta, en los fogones empiezan las coplas, los cielitos burlando al rey Fernando. Belgrano pasa los partes del Capitán General al otro lado de la cordillera, los triunfos de las guerrillas de los gauchos de Güemes, los infernales; y también una noche habla de las órdenes que recibe de Buenos Aires:

La orden de la Asamblea es que bajemos todos a Buenos Aires.

Fue como si se apagaran los fuegos y las estrellas de golpe. El pobrerío se distanció a sus tiendas; algunos señores tucumanos invitaron a Belgrano a  “razonar”.

            Pacha-Mama, Pacha Mamita

            Otra cosa te juré

            Cuando t’hice tanto daño.

            Era por la libertá

            Era pa’volver a’cer nuestro

            Todito el pago.

            No son míos esos Aires,

            Ni tampoco son tan Buenos-

            ¿Es q’iunos quieren lo uno

            Y los demás lo del otro?

            Nosotros abandonados

            Pagando por dejar la Pacha

            En barro seco arrugada.

En San Miguel de Tucumán el aire se corta con cuchillo.  Muchos quieren desaparecer en la montaña, y hasta dejarse matar si topan un godo

Que no, que no, que no es esa la manera; que no es por gauchos y cholos, no es  por changos y chinitas, es por la Pacha mesma. Sola no va a verdecer. Se nos va a morir la Pacha. Las montañas no tendrán valle pa’ proteger. El sol la seguirá quemando. La luna no tendrá más que negruras pa’iluminar. El viento llevará polvo, y nosotros a llorar por lo que l’hemos quitado.

Quién le llevará a Macacha hasta Salta la pregunta, ¿Qué se dice, que se calla pa’ convencer a un letra’o?

No hará falta tanto viaje, ni gritos, ni muerte alguna, el General bien comprende que no sabrán quienes son, ni para qué se han venido, y que de tanta mentira llevan el corazón perdido. Enfermo está. Nada tiene. Todo entregó y atrás queda, pues pronto  dejará este mundo.

Noticias llegan del Norte. Los godos vencidos van.

Junto al fogón esa noche una caja empieza a sonar, lenta, paso a paso como un aviso, y una voz vieja y triunfante, se eleva al cielo a cantar:

            Todos quieren que me muera

            Di adrede no vi’a morir

            Pa’l año como el coyuyo

            Cantando les vi’a salir.*

  (plbs 751)

_______________________________

A María Magdalena Güemes, hermana de Martín Miguel de Güemes héroe de nuestra independencia, le decían familiarmente Macacha. También era conocida como la madrecita del pobrerío por proteger a los pobres de Salta. Tan comprometida como su hermano en las guerras de la independencia, hizo espionaje, cosió uniformes, protegió heridos y se cuenta que atravesaba las filas realistas con mensajes cosidos en el ruedo de sus faldas.


*Copla norteña.

Coyuyo: una especie de cigarra de tamaño bastante mayor que habita el norte argentino.



domingo, 11 de enero de 2026

NIÑO BIEN

 


    NIÑO BIEN

__________


               EEs borroso, manchas de niebla y nieve, pero oscuro. 

                No conocí al Viejo. Tal vez lo vi una o dos veces de chico. 

                Sé que era milico de alto rango y fue a conquistar tierras de agua y hielo. 

                Dicen también que tuve una hermana mayor que él casó con un amigo. 

                Ella desapareció al descubrir que su marido prefería a los soldados.

                Me llevaron  a criar al campo, no sé bien porqué. 

                No me gustó, pero aprendí artes de cuchillero. 

                Apenas crecí ya  me vine pa° la ciudad. 

                Me llamaban la farra, el pucho, el trago. 

                Bien lo sabés, nuestra  barra brava.

                Dijeron que el Viejo murió en el hielo. 

                 La Vieja se fue con mi tío y se llevó a mi hermana Electra.



 

                 ¡Que vida, nos dimos hermano, mientras duró! 

                 Viví de todas las mujeres que me bancaron. 

                 Un día apareció Electra. 

                 Resulta que al Viejo lo habían asesinado el tío y la Vieja.  

                 Ella llevaba años siendo violada por el tío, pero no daba más. Así dijo.

                 Por eso fui con mi cuchillo de carnear. 

                 Los vecinos me dijeron que estaba en la casucha del fondo, donde violaba chicas 

                  - él lo llamaba  “el lugar de arrodillarse”. 

                  La Vieja pidió perdón. 

                  Pero yo ya estaba muy borracho y Electra  dijo que nunca la defendió. 

                  Ahí no me aguanté y volví a carnear.

                 -Horacio, decile adiós a los muchachos, che. No resisto más. Es el veneno… el alcohol.


     

(244plbs.)


Para este relato he intentado no solo la posible intertextualidad de Orestes y Hamlet con un cajetilla porteño, sino incluir el lenguaje correspondiente al personaje de primera mitad del siglo XX. La referencia es, por supuesto, el tango de Gardel- Le Pera "Adiós Muchachos".



sábado, 13 de diciembre de 2025

VIVIR EN ESPAÑOL

 




VIVIR EN ESPAÑOL

 

 

−¡ Feliz Navidad, madre!

−¿Qué es esto?

−Un aparatito mágico para que lleves el mundo en tus manos. Nunca más estarás sola.

−No me engañes. Ya no soy una niña.

      No te engaño, todos tenemos uno. Es un móvil para que puedas hablar con nosotros y muchas cosas más.

−¿Qué es un móvil?

−¿Ya lo has olvidado? Un teléfono que puedes llevar contigo, con el que puedes hacer mucho más que hablar. Es casi un  gepeese para conectarte con el mundo.

−Qué es un gepeese?

−Una suerte de mapa de ruta. Según la apepe que elijas puedes conectarte conmigo, con las noticias del mundo, escuchar música, ver recetas de cocina, ver tu cuenta del banco y mucho más.

−Perdona hija, pero tampoco sé lo que es una apepe.

−Te explico rapidito porque estoy apurada. Tengo millones de cosas que organizar para las vacaciones con Vicente y los chicos. Mira; ¿ves este círculo verde con una flechita? Es para llamarme. Se llama juatsap. Tocas allí, tocas donde ves el tubo y me llamas. Si yo te llamo, tocas el verde que dice responder. ¿De acuerdo? Aquí la apepe del banco, esta otra las noticias, la música y más. Irás probando. Tienes el mundo para entretenerte. Te llamo mañana. Cuando suene, tocas el verde, ¿si?

−¿Habla español?

−Claro que sí. Tocas donde dice ayuda, escribes una pregunta y el aparatito mágico te contesta. Hasta mañana.

                                                            ***

Aparatito, aparatito  mágico que traes el mundo a mi hogar,

¿qué me cuentas, qué me enseñas, qué es lo que debo ver hoy ?

EL MAPA DE LOS GENES HUMANOS TIENE UN AGUJERO NEGRO; DEJARÍAMOS AFUERA UNA PARTE DE LA HUMANIDAD.

Caramba, móvil, sin agujero negro ni nada del estilo ya hemos dejado fuera gran parte de la humanidad. Mira bien antes de escribir

OPERA EN LÍNEA TODA LA EVOLUCIÓN DE LA TIERRA EN 10´

Bicho loco, me estoy enojando…¿Cómo la evolución de la tierra va a operar como si fuera un médico y encima en diez minutos. Quédate aquí. Aunque quepas en mi mano no te llevaré a la cocina y menos a mi dormitorio. No me fío. Mañana volveremos a hablarnos, Apepe. ¡Vaya nombre! ¿Será un tal Pepe el que conteste?  ¡Ojalá sea simpático!

A la mañana siguiente, muy temprano, un timbre desconocido suena sin parar. Clementina se despierta sobresaltada. Semidormida  se acerca a la puerta del departamento a ver quién es. No hay nadie. El timbre vuelve a sonar y sonar como una musiquita desafinada. Recuerda su aparato mágico y va al comedor. Allí está temblando de luces y sonidos. ¿Cuál era el verde que debía tocar?. El aparato mágico queda mudo.

Fastidiada porque Apepe la ha despertado, da dos pasos hacia la cocina, y el timbre vuelve a sonar. Ve algo verde y algo rojo y sin leer aprieta el verde.

−Hola, buen día ¿cómo estás?

−Ah, sos vos. Qué voz rara. ¿Por qué tan temprano?

−Nos vamos de excursión y no sé si tendremos señal.

¿Quién te hace señas?

Nadie, mamá. Es la señal de juatsap.

Ah, ¿no es el Pepe de Apepe?

−Parece que estás de buen humor. Mejor así. Te llamo a la noche. Y no dejes móvil lejos, así lo oís.

−Siempre apurada mi hija. Veamos aparatito mágico, aquí está el Pepe de mi cuenta, vamos a preguntarte algo.  Ayuda: escriba una pregunta.

¿Hola Apepe, dime cuánto dinero tengo en mi caja de ahorro.

−No hemos comprendido su pregunta. Intente de nuevo.

−Que cuál es el resumen de mi cuenta.

Su pregunta no se entiende. Le paso con un operador.

−Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?

−Quiero saber el resumen de mi cuenta.

−Señora, yo no puedo verlo. Vaya a Cuentas de la apepe y ahí lo verá.

−Pero, no es que responden todo por teléfono…

−Señora, usted tiene todos los datos en la  apepe del banco. Buenos días.

−Esto es un engaño, no sirve para nada, Es perder el tiempo y encima te tratan como si una fuera tonta porque ellos no saben hablar en español. ¡Mal educados! Y ni tan siquiera  era un Apepe sino  una Apepa pretenciosa.

A ver si ahora me pasas una buena receta de cocina para cuando reciba a mis nietos. ¿No te gustaría que les contara que es una receta de Apepe?

APRENDE A COCINAR SOLOMILLO DE CERDO CON BATATAS A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UNA SERPIENTE

Ahhhh!

−¡Que aparato mágico ni que monsergas! Es un aparato del demonio, cargado por Belcebú. La lámpara de Aladino era mil veces mejor. Al menos el genio se mostraba,  hablaba el idioma de Aladino y trabajaba para él. ¡A la basura, a la basura!

(No, mejor no tirar las cosas del diablo a la basura. Puede dañar a a otro., Lo que es del Belcebú, que vuelva a Belcebú. Habrá que quemarlo.)

                                                            ***

−Hola, Adela, le habla Silvia la hija de Clementina. Estoy preocupadísima: mi madre no contesta el teléfono desde hace tres días. ¿Usted sabe algo?

−Será mejor que vuelvas, hija. Tu madre está bastante bien, pero internada con algunas quemaduras. No te asustes. Los médicos dicen que se recuperará. Hubo un incendio en el patio de su casa. Nadie sabe cómo. Parece que quiso quemar algo, pero ella lo único que dice es que fue obra de Belcebú que se niega a hablar español. Pobre, tan bien que tenía su cabeza hasta hace unos días…   

(897 plbs.)


lunes, 17 de noviembre de 2025

VEO, VEO, ¿QUÉ VES?

 



 

Veo, Veo, ¿Qué ves?

 

 

−¡Hermosa noche!

¿ Cómo son las constelaciones? Ya sabes, yo no veo. Apenas percibo algunos reflejos.

Pero sientes el calor del sol, y ves su reflejo en los días luminosos así como sientes la sombra de los días nublados. No estés triste. Las constelaciones son trazos que van de una estrella a otra, dibujos de lo que los hombres llevan   en sus corazones. Los pusieron en el cielo para ver lo que vivía en ellos y recordarlo. A la vez, ese cielo nos devuelve su sentido renovado en cada época.

 Las constelaciones siempre nos traen el gran poema que la humanidad fue dejando y a la vez descubriendo en el cosmos cuando toda ella era poeta.

En este hemisferio nosotros, los incas, los mapuches y los australianos tenemos la Cruz del Sur o acaso el ave sagrada de la zona como guía del camino a seguir. En el norte pueden ver el Hilo de Ariadna que ayuda a salir del laberinto. Al bello Ganímedes lo llevó el Águila, la única que puede mirar el sol de frente, hasta el Olimpo. Pero ahora, al verlo arrodillado hacia Piscis derramando el agua de la vida en reverencia hacia esos peces que una vez fueron Afrodita y Eros sujetos por una cuerda para no perderse y mantener unidos amor y protección, vemos la referencia cristiana que nos lleva al amor universal compartido.

También son música. Cantan en tu corazón. Escúchalas. Eres poeta.

 

 

(244 plbs)


domingo, 12 de octubre de 2025

NEW YORK - NEW YORK

 



  NEW YORK- NEW YORK

_________________________



一¿Y entonces…?

一Ya en la puerta del dormitorio la realidad la atraviesa como un rayo: su abuela es un lobo. Antes de que la bestia salte a devorarla, corre hacia los techos. Las sirenas son aullidos cada vez más cercanos. Su capa de plástico impermeable no es como las amarillas más comunes, sino de un rojo apagado. Eso  ayuda a que se mimetice con el rojo ladrillo de los edificios antiguos y vuele por las escaleras exteriores hacia la calle, buscando escapar. Un pensamiento pasa raudo como una nube: ¿Animal de qué especie es la madre que la envía entre los lobos?


   Son barrios apartados donde un muchachito  toma el arma de su padre,  entra a la escuela y comienza a disparar. Gente como uno se consume de dolor y culpa por la muerte del hijo, en tanto en la esquina un pronto Santa Claus vacía  calabazas que venderá en Halloween, mientras practica su siniestro «ho, ho, ho» para  un paseo invernal en rojo Coca Cola tratando de hacer sonreír a niños que lo miran entre el asombro y el pavor.

   Algo más allá, en un bar oscuro y miserable Al Pacino mata por primera vez en su camino a convertirse en El Padrino.

   Sigue escaleras abajo pero ahora es el metro. Gente en los andenes  intenta entrar a los vagones empujando a los que ya están aplastados contra las puertas; y ratas, y más ratas corriendo entre los rieles buscan el camino a los desagües.


   Aparece en Harlem. Por un momento piensa que la salida puede estar cerca: De una iglesia pequeña sale una voz poderosa que canta «Sometimes I feel like a motherless child far away from home». Sin embargo, al instante ve en la calle a un policía apaleando a un hombre que acaba de tropezar con él. Un lobo  entrenado por lobos. Vuelve a huir.

   Wall Street, imponente, gigantesca, dura. La única humanidad que percibe es la de Audrey en Tiffanys enfundada en guantes negros, con una larguísima boquilla entre los labios. Bella y serena.

    De pronto se encuentra en el Central Park con gente que corre en zapatillas. 

Aunque ni lo conoce ni lo conocerá jamás, en su mente aparecen las palabras Intimidad de los Parques de Julio Cortázar. ¿Quién será? ¿Qué hace en su cabeza? Algo quiere avisarle. Pero las palabras se borran. 

   Ve a Forrest Gump en un banco relatando cómo también él aprendió a correr para salvar su vida, hablando de su amada Jenny, la niña abusada por su padre.

   Ríos amarillos corren por la senda al borde de la acera guiados por conductores de largos colmillos y ojos rojos, atentos a quien los detenga. ¿Podrá haber alguno que sea  el Taxi Driver de De Niro?

   A todas las alturas, luces  que roban el alma  ofrecen las cosas más diversas en todos los colores y tamaños posibles; y gente, gente, gente que compra y compra en el temor de perder la increíble oferta, tirando dinero contra las vidrieras.


    No, no está a salvo. 

   En un balcón de Broadway alguien toca a Glenn Miller, sin embargo en los teatros siguen representando Un Tranvía llamado Deseo. También en el Actor’s Studio hay lobos en piel de cordero.

   No entres al MOMA, es una trampa. Tu perseguidor puede esperarte tras una columna o aparentando mirar un cuadro.


   En St. Patrick se ha casado la hermosa pareja que por ambiciones paternas iniciará generaciones  de poder y de muerte. De frac, alhajas brillantes, sale esta jauría aullando en risotadas. Es verdad que también está La voz para cantar A mi manera, pero entregada a ellos. Nunca podrá ser la suya.

   Marilyn se detiene sobre el respiradero del metro. El aire al pasar levanta la falda que sostiene sonriente. Todas las jaurías de la ciudad se abalanzan sobre ella hasta dejarla moribunda tratando de pedir auxilio. 

   Un poco más allá, Lennon recibe su balazo.

   Llora con la tristeza de una lluvia que no es mansa sino infinitamente cansada. Quisiera aullar, pero teme convertirse en uno de ellos. Un mendigo casi descalzo arrastra los restos de unos zapatos demasiado chicos para él. Va comiendo una hamburguesa que chorrea por su barba. Casi sin mirarla, como temiendo asustarla, le dice:

—A la desembocadura, niña. Al sur y hacia el este. ¡A la estatua, que se hace noche!

   Cree haber llegado por fin pero, oh desilusión, la Libertad es hueca. Sin embargo, por unas horas será su lugar de descanso.

Al amanecer, la voz de Walt Whitman vuelve a ella: No desfallezcas si no me encuentras pronto/ si no estoy en un lugar, búscame en otro/ en alguno te estaré esperando.

Irá más allá del sol.

—Pero, todo eso, ¿es cierto?

—No lo sé. Nunca estuve en Nueva York.


(801 plbs)


     

lunes, 8 de septiembre de 2025

ASÍ EN LA TIERRA...

 











   ASÍ EN LA TIERRA...

 

 

   Mira sus zapatos recién abandonados. Las suelas gastadas, abiertas como bocas. Torcidos, guardan su caminar y se arrugan donde se dobla el pie.

  Bocas apenadas y frentes arrugadas; un cuero cabelludo que amenaza mostrar el cráneo. Tanto han andado. Dejaron huella en el polvo, recibieron pedregullos hirientes.

   Está triste, muy triste, sentado en la tierra mirando sus zapatos.

   Anduvo todo el día como tantos otros días tras los labriegos en los campos de trigo, viendo escapar los cuervos que roban el grano mientras algunos  jóvenes se abrazan entre el heno, y otros hacen silencio al atardecer esperando el descenso de los ángeles.

Los zapatos son  la manifestación de su dolor y su derrota.

Se recuesta en la tierra. Cierra los ojos deseando que la oscuridad lo atrape. Vuelve a abrirlos.

En un instante, el cielo ha estallado en un sinfín de brillos, ríos de nubes que forman remolinos.

Siente una renovada certeza. Se levanta descalzo,  los pies en la tierra, casi corriendo a pintar ese cielo de estrellas, pneuma amarillo que gira viviente.

Será su ofrenda.

Luego, más tarde, bajo otro cielo irá a buscar esa noche tendiéndose para siempre en la solitaria oscuridad de la tierra.

(201pbs.)









viernes, 27 de junio de 2025

¿QUIÉN?

 


¿QUIÉN?

                                                                                    Anónimo 18

 

 

   Otilia sueña. También la marquesa sueña. Son sueños muy diferentes. Ya hace varias noches que Otilia, ayuda de cámara de la marquesa, sueña con una voz misteriosa que le relata historias trágicas, espeluznantes, de seres y amores cosidos y descosidos, y que sobre la madrugada insiste: «Otilia, debes publicar lo que te dicto». La pobre se desvive en angustias y temblores. ¿Quién le habla? ¿Por qué a ella que no sabe escribir? Sueña de noche y llora y tiembla de día con el único consuelo de contarle sus sueños a Fermín, su marido y jardinero del parque de la marquesa.

   Fermín, con el cuidado que dedica a sus plantas, desmaleza para que la angustia no crezca, barre hojas muertas, limpia de parásitos los tallos. Mucho más no puede hacer. Lo poco que él sabe de las letras, lo va dibujando noche a noche después de la comida del día. Otilia aprende con entusiasmo, pero ambos saben que no alcanza, que para los sueños nunca alcanza.

   Los sueños de la marquesa podrían denominarse mejor como ilusiones, ensoñaciones diurnas por lograr una gloria que excede en mucho su posición social o su dinero. Quiere ser famosa hasta para la historia. Pero no sabe cómo. Suspira de aburrimiento. Ni sus caballos, ni sus perros, ni su Salón de los Jueves son suficientes. Sus desgracias son la ausencia de actividad y de imaginación. Pero en ella no todo es pereza. Borda magníficos tapices que representan los triunfos bélicos de los antepasados de un marido casi siempre ausente. Un marido que en esa ausencia ha sido entronizado hasta el fanatismo como ideal humano, ese ideal que a ella le gustaría tanto conseguir…Pero ya se sabe, las mujeres son un subgénero cuya mayor cualidad es el silencio.

   Así, tal como el viento acumula nubes livianas y densas que provienen de distintos lados, un día suspiros y angustias se encuentran. Otilia se deshace entre hipos y llantos. La marquesa súbitamente deja de suspirar. Abre su boca entre el asombro, la chispa de un descubrimiento, la posibilidad de algo que la entusiasma,  ser útil a otra persona.

   Durante meses Otilia cuenta sus sueños y la marquesa traduce con tino y sensibilidad tanto las palabras como los tonos y los gestos de Otilia. Al cabo, más que una marquesa y su ayuda de cámara, resultan amigas y confidentes. Pero hasta las Mil y Una Noches llegan a su fin. Los sueños de Otilia se desdibujan. La voz deja de acosarla, y la marquesa comprende que hay una obra terminada.

Otilia, dijo la marquesa esa tarde has completado tu obra.

Pero, señora, la voz siempre dijo «debes publicar lo que te dicto».

Somos mujeres, ¿quién querría publicarnos? Puedo intentarlo usando el título de mi marido, pero ¿lo leerán siquiera sabiendo que está escrito por una mujer?

   Y Otilia vuelve a llorar. También ella durante esos largos meses ha encontrado una nueva vida, y hasta es capaz de leer de corrido lo que ha dictado, aunque no entienda ciertas sutilezas del lenguaje de la marquesa. Ya no es la misma. sabe sin embargo que aún no ha cumplido el mandato de una voz que no es la suya; una voz que para ella nunca tendrá un cuerpo.

   Cada tarde las dos mujeres se enredan buscando soluciones. Cada noche Fermín se resigna a la nueva obsesión de Otilia. ¿Cómo cumplir con la voz? Gracias a su dictado ha aprendido a leer y escribir. Le debe algo. No puede dejarlo así. Ama a Fermín pero su mayor compromiso es con la voz.

   Acaso por cansancio, o por generosidad de corazón, Fermín un día propone su nombre como posible solución, sin saber dónde los lleva eso. Las mujeres se entusiasman. La marquesa mueve sus hilos y la obra se publica con gran éxito bajo el nombre de Fermín Gutierrez, autor que se niega a dejarse ver, dispuesto a comunicarse solo a través de la marquesa a quien ha dado el poder para recibir los beneficios. Sorprende su estilo de una sensibilidad casi femenina.

   Con los años y las ganancias  que la marquesa ha sabido acrecentar, Otilia y Fermín se retiran a un pueblo alejado del marquesado.

   A la muerte de la marquesa, nadie sabe dónde encontrar a Fermín Gutierrez. Los tiempos han cambiado y empiezan las curiosidades, intrigas e investigaciones por las firmas con seudónimo. Crece la necesidad del “saber- quién- fue”. Por algunos papeles encontrados en el gabinete de la marquesa, se llega a la conclusión casi irrefutable de que la obra fue escrita por ella.

  Ya anciano, alguien reconoce a Fermín como el jardinero de la marquesa y hace la pregunta. Fermín solo contesta «¿Yo? Si apenas sé leer. Será otro.»

   Muere también el jardinero,  pero esta vez nadie pregunta nada a la vieja Otilia, viuda y sombra de Fermín, aunque también ella trabajó para la marquesa. «Gente buena, pero muy ignorante», dicen por ahí.

   Otilia guarda silencio. Gracias a su marido y a su patrona ha cumplido el mandato;  como retribución su vida se ha enriquecido, sin embargo tampoco ella sabrá nunca de quién era la voz.

 



viernes, 9 de mayo de 2025

PENÉLOPE

 



PENÉLOPE

 

 

 

Esperé, esperé, esperé casi mil años tejiendo destinos. Llegó el momento, un camino de cambios rápidos que casi no pareció espera. De pronto me encontré en una cueva cálida y oscura, seguramente próxima al mar porque oía el sonido de olas pequeñas contra la playa como un acunar, y de tanto en tanto una voz acariciante que podría ser la mía o una ola formándose. También, con menos frecuencia, como si le costara crecer, una más grande de sonidos profundos. Sobre todo, oía un tambor que dictaba el ritmo de mis miembros al nadar. Y volví a esperar.

Al principio la cueva se agrandaba. Yo no veía ninguna salida. De pronto, empezó a contraerse y expandirse al ritmo del tambor. Los sonidos de las olas eran cada vez más fuertes y definidos aunque ya no podía nadar empujada  a una única posición.  Dejó de ser agradable. Era una prisión que me ahogaba. Me rebelé, sin embargo reconozco que la cueva me ayudó. Un rayo de luz. Un dolor terrible. Grité. También la cueva gritó. Ambas oímos:

¡Es una niña!

Era la vida: con cada deseo, una espera. Con su satisfacción, la aparición de una nueva espera. Escalones que en su continuidad simulan una escala infinita. Un día amaneció un descanso, aunque con otra posición del alma. Llega la luz de invierno. Ahora espera volver nuevamente a otros mil años corrigiendo los hilos del destino.

 

 

 

(235pbs.)