sábado, 14 de febrero de 2026

DEJARLO TODO

 




DEJARLO TODO

 

 

 

            Pacha- mama, Pacha-mamita,

            diz q’hemos de hacerte daño

            diz que los godos vienen.

            A robarte vienen

            Levantan los sembradíos

            Comen nuestros cabritos

            Beben tus puras aguas.

Así va murmurando el viejo, como rezando, mientras lo arranca todo, hasta el último hierbajo de raiz. Mata los animales que no podrán llevar en pie, los carnea y se lleva hasta los cueros. Dejará sólo los huesos que muestren desolación pero que tarde o temprano alimenten la tierra.

 

Emponzoña los pozos de agua y los tapa.

Perdóname, agüita clara…

La madre del pobrerío trae mensajes en el ruedo de su vestido. Avisa por dónde galopa el enemigo. Entonces, Don Martín su hermano, al mando de los infernales sabe cómo correrlo con fusiles, cuchillos y ponchazos que lo ciegue en el viento.

Belgrano, entre tanto, los hará dejar todo atrás. Hoy o nunca es la independencia de su tierra.

 

Tierra arrasada”  ordena el General.

            Han de matar sus monturas

            Si es q’ellos quieren comer

            Ni una gota de rocío han de hallar para beber.

 

Cargar burritos y mulas con alforjas llenas de granos y provisiones, arrear animales. Ayudar a los más débiles, a las mujeres y a los changuitos más pequeños a trepar a carros con mantas y provisiones, y por fin, dolor, dolor, quemar hasta la última choza de barro y paja.

Dejar la puna.

Mirar atrás: San Salvador del Jujuy desaparece tras el humo negro, y el humo toma formas monstruosas entre las lágrimas.

Andar, andar. Pasar varias noches antes de volver a ver la luna sobre la cordillera. El silencio es el compañero. Nada que decir, nada que cantar. Juntar los pasos durante quince días de camino en la sangre que va y viene del corazón a la cabeza, a las piernas y a los brazos para todo lo necesario pero no para la alegría. No todavía.

El éxodo es tan árido como el desierto mismo. Anudado a la cintura hay un hilo largo, invisible de lana de alpaca o de oveja que ha quedado atado a las brasas de la tierra.

A veces un pajarito o una palabra cotidiana traen toda la ilusión de volver a encontrar el vergel  grabado en la memoria para no olvidar el propio paraíso.

Llegando a San Miguel de Tucumán, los pies cargan polvo  desde Jujuy pasando por Salta, en los fogones empiezan las coplas, los cielitos burlando al rey Fernando. Belgrano pasa los partes del Capitán General al otro lado de la cordillera, los triunfos de las guerrillas de los gauchos de Güemes, los infernales; y también una noche habla de las órdenes que recibe de Buenos Aires:

La orden de la Asamblea es que bajemos todos a Buenos Aires.

Fue como si se apagaran los fuegos y las estrellas de golpe. El pobrerío se distanció a sus tiendas; algunos señores tucumanos invitaron a Belgrano a  “razonar”.

            Pacha-Mama, Pacha Mamita

            Otra cosa te juré

            Cuando t’hice tanto daño.

            Era por la libertá

            Era pa’volver a’cer nuestro

            Todito el pago.

            No son míos esos Aires,

            Ni tampoco son tan Buenos-

            ¿Es q’iunos quieren lo uno

            Y los demás lo del otro?

            Nosotros abandonados

            Pagando por dejar la Pacha

            En barro seco arrugada.

En San Miguel de Tucumán el aire se corta con cuchillo.  Muchos quieren desaparecer en la montaña, y hasta dejarse matar si topan un godo

Que no, que no, que no es esa la manera; que no es por gauchos y cholos, no es  por changos y chinitas, es por la Pacha mesma. Sola no va a verdecer. Se nos va a morir la Pacha. Las montañas no tendrán valle pa’ proteger. El sol la seguirá quemando. La luna no tendrá más que negruras pa’iluminar. El viento llevará polvo, y nosotros a llorar por lo que l’hemos quitado.

Quién le llevará a Macacha hasta Salta la pregunta, ¿Qué se dice, que se calla pa’ convencer a un letra’o?

No hará falta tanto viaje, ni gritos, ni muerte alguna, el General bien comprende que no sabrán quienes son, ni para qué se han venido, y que de tanta mentira llevan el corazón perdido. Enfermo está. Nada tiene. Todo entregó y atrás queda, pues pronto  dejará este mundo.

Noticias llegan del Norte. Los godos vencidos van.

Junto al fogón esa noche una caja empieza a sonar, lenta, paso a paso como un aviso, y una voz vieja y triunfante, se eleva al cielo a cantar:

            Todos quieren que me muera

            Di adrede no vi’a morir

            Pa’l año como el coyuyo

            Cantando les vi’a salir.*

  (plbs 751)

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A María Magdalena Güemes, hermana de Martín Miguel de Güemes héroe de nuestra independencia, le decían familiarmente Macacha. También era conocida como la madrecita del pobrerío por proteger a los pobres de Salta. Tan comprometida como su hermano en las guerras de la independencia, hizo espionaje, cosió uniformes, protegió heridos y se cuenta que atravesaba las filas realistas con mensajes cosidos en el ruedo de sus faldas.


*Copla norteña.

Coyuyo: una especie de cigarra de tamaño bastante mayor que habita el norte argentino.