PENURIAS DE MANDINGA
−¿No podrías aligerar un poco, digo yo? Sí, de día me
divierto bastante, tus humanos son muy tontos. Les ofrezco un pedazo de
plástico o cualquier imagen falsa de felicidad diciéndoles: <Es rápido,
fácil y barato> y les basta para dejarse agarrar. O les infundo un poco de
miedo y ya encendieron la avidez, la pereza, la envidia, la soberbia o las
ansias de poder, caen solitos en el círculo correspondiente. Pero, “Lo poco
agrada, lo mucho enfada”. Mira a esos dos, tan apasionados que quise regalarles
un poco más de fuego, y ahí están desde hace siglos tan atados el uno al otro
que cuando ella le dice <¡córrete para tu lado!>,él, lo único que puede
hacer es apretarla más. Si Paolo quiere pedirle un rato de silencio, Francesca
multiplica su discurso hasta el agotamiento. Apenas un ejemplo.
Lo grave es lo mío. Estoy intoxicado. Tengo que
devorar todos los días a Judas y su lista de traidores. ¿Resultado?
Indigestión, constipación, cagadera hasta el infinito. Y son tantos que no alcanzan mis tres cabezas.
−Querías ser el Todopoderoso, ¿no? Te dí toda la
oscuridad y te mandé al séptimo círculo. Lo primero que debe aprender un
poderoso es a respetar los pactos. Reconozco que tu trabajo me ha venido bien
muchas veces. Si todo fuera luz, no la verían.. Hasta los traidores
terminan aprendiendo aunque les lleve milenios, pero el pacto es hasta el fin
de los tiempos. Por entonces, veremos. Entre tanto…¡Mastica bien!
(249 plbs)
