¡OTRA VEZ
SOPA!
¡Jueves! Mitad de la semana. Otra vez entre mis dos
caminos del tiempo.
Uno puede ser
un desierto, una pampa, un mar, un cielo sin estrellas. Quizás el único mojón,
indicador o límite, sea el horizonte que
como bien sé, es el que mi vista alcanza.
Cuando lo
tomo un sábado, sin marido ni hijos, todos los propósitos, señales de mi
voluntad, dejan de existir ante una tarde de series s con una cerveza y un
sándwich. Pero esa es una señal que desaparece, así como desaparece esa
caminata de domingo al sol cuando olvidé hacer la lista de la semana y el
lavado de la ropa. El lunes, por ese camino se convierte en un mar de conversaciones
con mis compañeras de gimnasio sobre los últimos chismes de la política o sobre
otros amigos. Entonces el martes habiéndome perdido en esa pampa, Alberto ha
sido quien tuvo que modificar todas sus marcas y correr al supermercado. Ha
llegado tarde a una reunión de trabajo. Y ayer, ayer miércoles, llovió todo el
día.
El otro, es
una ruta angosta, una cinta transportadora llena de señales, horarios,
obligaciones y mojones de todo tipo. Es el que suelo tomar saltando de una
tarea a otra.
Me pregunto
«¿en cuál soy yo?»
Viernes:
Felicitas juega en el jardín haciendo ondas con una remita en un charco de
agua.
−¿Qué haces?
−Juego. Los niños aprendemos jugando.
Me pregunto: «¿Será que para los mayores jugar es
elegir siempre el otro camino?»
(250 plbs con
el título)
