jueves, 12 de mayo de 2022

CIENTÍFICOS CONSTATAN SORPRENDENTE MUTACIÓN





 



Salud y Ciencia                                                        11 de Mayo  2032

 

 

CIENTÍFICOS CONSTATAN SORPRENDENTE MUTACIÓN



  La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar la información corroborada por genetistas de todo el mundo,  que se ha comprobado una verdadera mutación en el cuerpo humano. Todos los niños nacidos en los últimos diez años, tienen índice y pulgar de ambas manos extraordinariamente más largos y flexibles que los de generaciones anteriores, y una notable desproporción en relación a los otros dedos. Al parecer esto se debería al uso excesivo de dichos dedos en teléfonos móviles  durante varias  generaciones. 

La OMS comunica asimismo que no tratándose de deformaciones casuales en  comunidades aisladas sino de una verdadera mutación, esto no representaría ningún riesgo para la salud. Tampoco debería preocupar en modo alguno a las familias de estos niños. Sin embargo, no puede dejar de señalar que es la primera mutación que se constata en milenios.

¿GUETOS FEMINISTAS O PROTECCIÓN CIUDADANA?

 


Microrretos 2032

EN POLÍTICA Y SOCIEDAD                                  11 de mayo 2032

 

Guetos Feministas o Protección Ciudadana?


   En razón del estrepitoso fracaso de las medidas aplicadas  para proteger a las mujeres contra  acosos y maltratos,  grupos radicalizados de nuestra sociedad han presentado un proyecto de ley para la creación de barrios cerrados para mujeres en situación de riesgo. De hecho, ya existen algunas comunidades que intentan protegerse de manera privada. El proyecto propone la creación de barrios cerrados donde las mujeres podrían desarrollar su vida profesional y familiar, protegidas por vigilancia especializada. Eso sí, saldrían siempre acompañadas por guardaespaldas y con los rostros cubiertos de tal modo de no ser reconocidas.

 Mañana, frente al Congreso se esperan dos grupos de manifestantes enfrentados: los que hablan de discriminación y hasta de retorno a la esclavitud, y los que proponen la protección a la sociedad y la familia- Hay un tercer grupo autodenominado “Verdaderos Machos” que se proponen asistir al mismo lugar y a la misma hora para reclamar su derecho a llevar su vida familiar sin que el Estado se inmiscuya en su privacidad y formas de relación. El gobierno estudia posibles medidas de seguridad para evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre.

Se aconseja a la población no acercarse al centro cívico a partir de las 15 hs.















































miércoles, 16 de marzo de 2022

¡PODRÍA LIMPIAR MEJOR, BELTRÁN!

 




«¿Será posible? ¡Vieja de mierda! Las dos de la mañana… No, no pienso contestar; si olvidó las llaves que llame a su amiga», murmura Beltrán semidormido ante el sonido del teléfono móvil que lo despierta. Pero la vecina del sexto piso que molesta siempre a las horas de descanso; a quien a diario le pasa un “pudo haber sido una tragedia”, y nunca retribuye  siquiera con una sonrisa, insiste, insiste, insiste. Beltrán se rinde.

—Las puertas del ascensor no cierran, Beltrán. No voy a subir seis pisos.

—Voy.

« Ni una disculpa, ni un buenas noches, a veces la mataría». Va hasta la sala de máquinas y mueve una palanca. El ascensor arranca. Beltrán vuelve a la cama, pero una rata se cuela  por las puertas tijera trabando la segunda al instante.

La mañana es de gritos y espanto. Todo el consorcio multiplica teorías sobre lo que pudo haber pasado. Tampoco Beltrán lo entiende. Le preocupa la posible investigación policial, sin embargo  los viejos resentimientos pueden con él: «¡Ni muerta va a dejar de joder esta mujer!»

La vecina del sexto yace en el piso del ascensor con parte de la pierna izquierda trabando la puerta del aparato.

En el sótano, la rata disfruta unos granos que cayeron  de la cartera abierta.

La vecina contempla su cuerpo caído con tan poca elegancia y dignidad y aun insegura de su muerte se dice: «Podría limpiar mejor este hombre…  Así, nadie sabrá jamás porqué he muerto».


domingo, 13 de febrero de 2022

CARAMBOLA





Si quieres, puedes acompañar tu relato con esta imagen

La primera bola fue la mañana en que su madre dijo, «si querés zapatillas o pilchas nuevas, ganátelas vos. Mi trabajo alcanza solo para la comida».

Fue al campito donde sus compañeros jugaban al fútbol. Iban a hacerse ver, a que alguien de algún club quisiera llevarlos a entrenarlos y de paso darles de comer,  algo de contención. Pero ya habían formado equipo. Se quedó mirando apoyado contra un poste. Soñaba con los ojos entrecerrados. Sonó un gooool mucho más fuerte en el grito que en la acción, y se imaginó   haciendo entrar la pelota en el arco. Por un segundo fue Messi.

Alguien habló a su lado:

—¿Vos no jugás?

Negó con la cabeza antes de ver quien le hablaba.

—Hoy llegué tarde al equipo. Además no me quieren con ellos. Dicen que soy lento.

—El Viejo del último corredor, ¿lo conocés? anda buscando pibes para reparto de mercadería, paga bien. Te conviene. Más rápido, más guita y más libertad que el furbito.

Por un segundo el sol le pegó en los ojos. Fue. A la tarde al volver, Estela de la tercera casilla que lo miraba siempre desde la puerta, le sonrió.

Segunda bola.

Exultante, casi gritó:

—Vieja, conseguí laburo: repartidor del Viejo del fondo. ¿Qué tal? Dice que puedo progresar.

—Limpio, puntual, cumplidor con lo que te pidan. Así vas a progresar.

Y otra vez sale ella a su trabajo  en una de las tantas casas donde limpia vidrios, tiende camas, lava ropa, lustra pisos. No se queja. Con tal de que su hijo le salga bueno y pueda irse de la villa… A ella le habría gustado que estudiara, pero no es para eso. Ahora se conforma con que trabaje. Tampoco sabe quién es el Viejo. Trata de no saber. En cambio le gusta hablar con sus patronas. Contarles, por ejemplo, que su hijo es buscavidas y no quiere depender de ella.

—El Javi es un buen chico, jamás me dió un dolor de cabeza —exagera.

Doña Cata ya anciana, «la quiere como a una hija», y suele darle ropa y cosas en desuso. Para un cumpleaños  hace ya unos años, le regaló un relicario que no usará jamás; ¿cuándo ponerse eso viviendo en una villa? Pero lo guarda como  prueba de su valor. Hay alguien en el mundo que la considera tan valiosa como para tener una alhaja así. Y se la ha dado.

Y así sigue la vida, «de casa al trabajo y del trabajo a casa» sin preguntas, sin respuestas. Le parece que el Javi está más delgado y como ensimismado. ¿Se estará enamorando? Lo ha visto charlando con la Estela. Ella es mayor y mucho más avispada, pero tal vez lo despierte. El misterioso Viejo del corredor del fondo sí le da mala espina. Mejor no pensar.

 

La primera ganancia fue, por supuesto, para pilchas nuevas. El Viejo le  dió una moto robada y una mochila de doble fondo para llevar la mercadería a los clientes que no quieren que los vean entrar a la villa; menos aún ir al corredor del fondo.

Estela, siempre con un  brillo raro en los ojos, es cada día más amigable. Una tarde pregunta:

—¿Sabés qué repartís?

—Hmmm. No pregunto.

Estela ríe. Parece que se burla.

—Fijate, por ahí podrías traer algo para el sábado. Es mi cumpleaños, —dice con picardía.

Un relámpago lo deslumbra y lo deja clavado en tierra. Estela lo está invitando y él  muere por demostrarle que es todo un hombre.

Sí, ha comprendido  el extraño brillo de sus ojos, ha entendido perfectamente el pedido, pero  qué más, qué más. Para una mujer como esa todo es poco.

En pocos días la moto ruge a velocidades tan peligrosas como sus pensamientos. Se revuelve en infinitas contradicciones entre Estela y su madre. Por fin rebusca en bolsillos, bolsos, cajones  hasta dar con el relicario. Recuerda muy  bien la sonrisa de su  madre cuando se lo mostró. Por un instante siente algo como un cuchillito en el pecho. Aparecen los ojos de Estela. En lugar del cuchillito hay una exaltación: ahora sabe qué hacer. Con un alfiler pincha el borde de una bolsita, deja caer algo del polvo blanco dentro del relicario, lo cierra y lo envuelve con el papel más vistoso que encuentra y se prepara para un sábado de gloria.

Estela ha sonreído al abrir su regalo. A medianoche lo prueba y la sonrisa se convierte en una mueca, la sacuden convulsiones. Javi desespera, la carga, grita, pide ayuda y la llevan al hospital entre varios vecinos.

De pronto  la ciudad entera es un grito. De muy distintos barrios  sale gente cargando a otros que parecen borrachos.

Estela ha muerto.

Tercera bola.

La policía invade el lugar, encuentra la mochila de Javi y el relicario. Lo detienen. El Viejo ha huido.

En las noticias de la tarde doña Cata ve a su mucama, «a quien quiere como a una hija» llorando ante el relicario que sostiene un policía y diciendo, « mi hijo trabaja para pagarse sus gastos».

Doña Cata suspira y llama a una amiga. No, el relicario era una bisuteria bastante buena no más. Se lo había regalado porque le gustaba mucho y ya se sabe cómo es esta gente, cree que todo lo que brilla es oro.

En el patio del reformatorio, Javi ve acercarse a un muchacho mayor.

—¿Sabés cómo son las cosas acá?

Nueva carambola.


miércoles, 19 de enero de 2022

EN LAS COSTAS DE VIRTUALIA-FARFANTOLIA








Vuelto a los mares, siempre ansioso de aventuras, Langostino Mayonesi navega abrazado al timón de su amada Corina, seguido de cerca por el misterioso periscopio y  la gaviota que lo ronda buscando un bocado.

Costas extrañas aparecen a sus ojos. Pantallas como espejos van robando y repitiendo su imagen, hasta que desde un altavoz alguien  dice:

—¡Alto, usted se encuentra en el puerto de Virtualia-Farfantolia, identifíquese!

—Langostino Mayonesi, navegante solitario.

—¿Clave?

—¿Que clave qué cosa? ¿Con quién hablo?

—Si ha olvidado el número de clave, puede crear una nueva con veinte letras que no se repitan y treinta signos diferentes. Le aconsejamos no usar fechas de cumpleaños, vacaciones o defunciones.

Antes de atracar apoye la libreta sanitaria con la última fecha de vacunación hacia arriba.

—Imposible. Se me empapó en la última tormenta y se borraron todas las fechas, pero juro que estoy tan sano como un pez.

—Sin libreta sanitaria actualizada, debe alejarse del puerto inmediatamente o el batallón Jeringa atacará.

—Pero, pero ¿con quién hablo?

—BATALLÓN JERINGA, PRE-PA-RA-DO…   ¡DISPARE!

—¡Huyamos, Corina! ¡Que nadie te dañe!

Viento en popa a toda vela inexistente, Corina huye hacia el horizonte. Por primera vez en su historia por los mares de este y otros mundos, el periscopio va delante de ella como guiando camino, pero errático y asustado: tiene una jeringa clavada.

Graznando desesperada, la gaviota se precipita a arrancar la jeringa.

¿ Se hundirá para siempre el periscopio?

Sin libreta sanitaria, podrá Langostino recalar en algún puerto?






Langostino debuta en el primer número de la revista Patoruzito, en Octubre de 1945. Su creador, el Maestro Eduardo Ferro –responsable también de hitos como Bólido, Tara Service, Pandora, Cara de Ángel, Chapaleo, Chicle Bang y muchísimos más- recibe el encargo de Dante Quinterno de realizar un personaje basado en Vito Dumas, el famoso navegante que había dado la vuelta al mundo en velero. Con esta referencia surge Langostino Mayonesi, botero del Riachuelo que con sus ahorros compra el barco “Corina” y se manda a navegar sin rumbo fijo, a buscar a la aventura, o más bien a que la aventura lo encuentre a él. Cuando los siete mares y los lugares históricos le quedan chicos, “Lango” se interna en regiones fantásticas como Desconfialia, Sincerilandia, Fubtolia, y otros países cuya principal característica se define en su nombre. Después de más de 20 años de publicación en Patoruzito, la historieta –como su personaje- sigue un rumbo errático: recala primero en “Don Gregorio”, el suplemento de historietas del diario Cronista Comercial, más tarde en La Maga, y luego de forma esporádica en Crisis, Comic Magazine y la revista dominical de La Nación. Langostino destaca rápidamente de sus contemporáneas por su parodia a las formas clásicas de la historieta de aventuras, y por el humor delirante e indefinible que se volvería sello distintivo de Ferro. El protagonista es casi una exégesis del bohemio, el poeta despreocupado que se mete en alta mar a que, sencillamente, la vida lo sorprenda. La apuesta a la ruptura se amplía a medida que evoluciona la historieta, y en sus últimos años la puesta en página se deshace de cualquier atadura formal: se elimina la división de las viñetas, pululan las onomatopeyas y los personajes que aparecen por cualquier lado, y el delirio en la trama se hace cada vez más presente. En el número especial de la revista Quevedos, publicado luego de recibir el premio homónimo, Ferro cuenta que “era una expresión genuina de mi manera de sentir el momento. Como siempre entregaba tarde, llegué a hacerla en dos horas… Miraba dónde lo había dejado, suponte que colgado de un precipicio y, si no se me ocurría nada, prolongaba la situación, le agregaba un parlamento filosófico, y si llegaba al fin de la página sin cerrar la idea, le incorporaba una nueva complicación. Y así seguía. Me divertía mucho y era un oasis para mí, donde ponía todo”. Obra quintaesencial de uno de los más grandes humoristas argentinos, Langostino está pidiendo a gritos que lo rescaten. Ya va siendo hora





jueves, 2 de diciembre de 2021

LA ENFERMERA, LA NIÑA Y EL PESCADOR

 









Es verano al sur del mundo. Es Nochebuena y se sufre y se goza tanto como en el otro hemisferio, aunque sin nieve, sin renos, sin trineos. Se hace todo para satisfacer la ilusión de niños criados en costumbres que les son ajenas. Hay una sobrexcitación general,  petardos, luces artificiales, música a todo volumen, risas y abrazos, obsequios. Sin embargo, algunos lugares  no se adornan de rojo, verde y dorado. Lugares donde cuanto mayor es la algarabía  con su altisonante denuncia de felicidad, mayor es la oscuridad, el silencio, el dolor que albergan. Uno de ellos es el hospital de la ciudad.

En el Departamento de Pediatría hoy a media tarde ha muerto una niña; otra en cambio ha pasado muy bien una operación sencilla, pero llora desconsolada porque sus padres debieron retirarse mientras ella dormía, y ahora está segura de que la han abandonado. La enfermera de guardia hace lo posible por consolarla. Le cuenta que el cirujano ha dicho que mañana volverá a su casa a abrir sus regalos, a festejar con sus hermanos. Le moja la frente, le da un poco de agua, pero la niña se resiste.  La enfermera suspira. También ella está sola y lo estará más cuando cambie el turno. Al menos aquí cuida de otros.

Necesita el aire de la noche. Promete a la niña ir a fijarse si viene Papá Noel. 

Con los cigarrillos y un encendedor en el bolsillo sale a la puerta.

En la vereda, a pocos metros de la entrada, un hombre está sentado con la cabeza entre los brazos. Hay una bolsa de regalo  a su lado.

«Esta es noche de llantos», piensa ella. Va a encender el cigarrillo, pero se le ocurre  ofrecerle uno al hombre; tal vez juntos puedan llevar mejor las penas.

Es una oferta muda. Apenas un cabezazo parece agradecer. Se sienta a su lado. Fuman en silencio hasta que la pregunta surge como el humo. En la respuesta vuelven las lágrimas. La niña que murió  es su hija. No pudo verla ni abrazarla. No se lo permitieron. Llegó tarde a todo. Le traía un juguete que ya no será para nadie.

¿Cuánto pesan las dificultades cotidianas y los esfuerzos por llevar una vida digna ante la pérdida de un hijo? El dolor del hombre la deja muda de sí misma, en cambio…«tal vez ellos puedan consolarse mutuamente», piensa.

Lo acompaña, lo presenta  como una visita sorpresa. Sin embargo, la fantasía infantil completa el deseo:

—Sos un Papá Noel raro, vos. Sin barba, sin gorro, con cara triste, y manos lastimadas.

—Es verdad, soy un pescador. Vengo del mar. Busco a mi hija.

—¿Sabés dónde está?

—No.

—Mi papá tampoco está. ¿Me contás un cuento?

—Puedo hablarte del mar.

—Dale.

— Algunas veces hay tormenta, nubes y lluvia, mucho viento y no se ve el sol. Es como si el cielo se enojara y llorara como nosotros; y también el mar dice cosas, pero son terribles y no queremos entenderlas.

Otras, salimos con la barca cuando todavía es de noche, el azul es apenitas más claro. De pronto se pone muy calmo, una rayita amarilla aparece en el horizonte como un aviso. A medida que crece va haciendo un camino de luz. Entonces, si te apurás por llegar al camino  ya no lo encontrás debajo de la barca, sino que la luz viene a iluminar desde el cielo. Hay que trabajar sin descanso porque en unas horas más el calor será insoportable. Tiramos y recogemos redes. Devolvemos al mar lo que no sirve. La sal, las redes, el esfuerzo, nos dejan las manos ásperas y lastimadas como las ves. Al atardecer, el camino es rosado oscuro  y en vez de iluminar desde arriba,  el horizonte se lo traga casi como si le hubiera cortado la cabeza al sol.  Salen las estrellas. ¡Hay tantas! Y cuando la luna no se ve, o apenas es un cuerno plateado y limpio, hay muchas más. Me gusta mirarlas en el silencio  que se hace para oír la voz del mar en las olitas que llegan a la playa parejito, parejito: «ayer, hoy, mañaaaana» parece decir, y el mañana es siempre más largo.

En ese momento, un hombre entra a la sala.

—Papá, papá— llama la niña tirando los brazos.

El hombre se detiene a cierta distancia, mira al pescador con desconfianza. Parece querer interpelarlo, pero interviene la enfermera y explica la situación.

El clima se vuelve tenso. La mirada de la niña va de uno a otro tratando de entender.

El pescador apoya distraídamente su regalo en la mesa de luz y se va, vuelto ya a su infinita tristeza.

La enfermera lo sigue.

—Espéreme —lo llama. Pero el pescador no responde.  

Ahora es ella quien llora:

—Por un momento creí que podíamos hacer de las penas una buena Navidad.

La niña ve el paquete. Lo abre. Encuentra un muñeco suave, blando, cálido. 

Lo abraza:

—Mirá, papá. ¡Era de veras Papá Noel!

Los ruidos y las luces se apagan. La noche se recobra.

Al salir, la enfermera encuentra al pescador esperando.

—Pensé que después de todo su esfuerzo por consolarnos, no merecía quedarse sola.

—Gracias, venga conmigo. Mi casa es  muy fresca. Mañana será un día duro para usted. Podrá dormir en la terraza y descansar.

—Tal vez.

La mano herida se apoya en el hombro vencido.

¿Brillarán más las Tres Marías?


sábado, 13 de noviembre de 2021

GATO POR LIEBRE

 


Lidia llora tratando de despertar a Mozart, su gato, que parece dormir plácidamente a su lado pero en un estado de rigidez absoluta. Le masajea el corazón, las patas. Llama a Enriqueta, su amiga de toda la vida:

—Enri, se me murió Mozart —solloza— anoche, en mi cama.

—No, no sé la hora. Sí, le di sus gotas antes de dormir, pero esto es distinto, no reacciona. Está muerto.

—¿Cómo voy a dejar que lo entierren en cualquier parte o lo tiren a la basura? Mozart siempre fue mi compañero. Lo quiero cerca.

—Gracias, querida, en tu jardín estará feliz. Lo envuelvo y voy para allá.

Las cajas de zapatos son pequeñas para Mozart, pero apretándolo un poco… Lo envuelve en una funda vieja blanca; sin saber por qué no cubre su cabeza. Ata la caja con una cinta también blanca. Ella va de negro. Se detiene en la esquina a esperar un taxi.

Pasa una moto a toda velocidad, le arranca la cartera y la caja tirándola a la vereda.

—Mozart, Mozart —es todo cuanto gime.

La llevan al hospital, pero es tarde.

Entre tanto el ladrón intrigado por el peso de la caja, la abre para disfrutar su botín.

Mozart salta dando un maullido furioso, lo rasguña y escapa.

Las viviendas del barrio se derrumban. La gente se muda desde que por las noches en la esquina donde cayó Lidia  se oyen maullidos sin consuelo hasta el amanecer, pero jamás se ve un gato. 




martes, 5 de octubre de 2021

LA MUJER DE CENIZA

 


Queridos compañeros de El Tintero de Oro,

Anoche, preocupada más por los seres humanos destructores de su planeta que por los posibles extraterrestres, pregunté a Italo Calvino si me permitía usar el nombre del personaje –relator de Las Cosmicómicas para mi historia de Octubre.

Me miró como me mira siempre desde la fotografía con su sonrisa amable y algo irónica. Lo interpreté como un sí. Soy absolutamente consciente de que la distancia entre mi modesto Qfwfq y el original sólo puede medirse en años luz.

 

                        LA MUJER DE CENIZA

 

Ana Sofía, ASH para sus compañeros de trabajo, se desespera con la mirada que va del ordenador a la ventana con vista al mar. Aunque es tarde ya, sigue insistiendo en el intento de modificar las coordenadas que señalan el camino cósmico a la Tierra. Tampoco sus compañeros parecen estar logrando nada. Desde la primera señal de peligro, buscan una forma de hacer un riel alternativo que aleje esas naves de la Tierra. Pero el cosmos no es un ferrocarril.

El mar sigue subiendo y su color cambia a un verde peligroso que amenaza rayos y relámpagos.

Recuerda bien la alegría de aquel mediodía en el Instituto de Investigaciones Estelares cuando tras mucho tiempo de oír ondas que provenían de los movimientos de las estrellas, oyeron voces. ¡Voces! Y para más, comprensibles. Era el mensaje grabado en varios idiomas que se había enviado desde la Tierra al cosmos. Alguien estaba diciendo «lo hemos recibido», y tal vez «estamos buscándolos».

Nunca pensaron en quiénes eran los que lo habían recibido, ni por qué nos buscaban; menos aún si eran los únicos, o si solo eran los únicos en responder. Nunca pensaron que así como la luz crea sombras alrededor, las ondas sonoras traen silencios  indescifrables. No, nunca, nunca pensaron. Se dejaron arrastrar por las olas mansas de la alegría, esas que ya no están. Surge la terrible pregunta: ¿Y si fuera el fin de la Tierra? No ya de los seres vivos: de esa hierba que alguna vez arrancó; de la caricia de una mascota o de tratar de preservar una especie en extinción; ni de volver a ver nadar a los delfines, u oír el escándalo de los gorriones al amanecer; no más seres humanos amando, trabajando, peleando, pensando, creando. Nunca más la risa de un niño. No, el terror que la alcanza va más allá de su muerte. Milenios de milenios de evolución, todas las lenguas, todo el dolor y el sufrimiento humano, Beethoven, Virgilio, Van Gogh, y tantos otros aniquilados en minutos. Un hueco en el universo, el sistema solar rengo, corrigiendo elípticas, distribuyendo luz, oscuridad, calor, frío, agua y fuego con otro ritmo y distancia a todos los otros planetas. Todo para nada. Ah, es demasiado.

«Ver las estrellas una vez más», se dice. Pero al levantar sus ojos llorosos, descubre a su lado una forma luminosa. Trata de tocarla. Es insubstancial. Sin embargo, la forma es humanoide. En su cabeza resuena una risita irónica. Habla:

—Soy Qfwfq, ¿no me recuerdas? Nos conocimos cuando todos vivíamos en un punto antes del Big Bang. Esa explosión nos disparó como perdigones por el espacio y terminamos  en distintas galaxias. Pero también es cierto que después de la muerte las vamos recorriendo una por una otorgando lo aprendido y tomando de los otros lo que debemos aprender. Ustedes se aterran de los extraterrestres pero viven rodeados de ellos. También los terrícolas hacen ese viaje, solo que no están tan evolucionados y suelen dormirse después de la muerte.

—Pero los que vienen…

—Déjame hablar. Nos quedan apenas quinientas palabras de las novecientas que nos regaló David. Lleva millones de años poder contarlo todo. Los que vienen son de un planeta muy agresivo, parecido al de ustedes pero con tecnología mucho más desarrollada. Querrías que Tierra no fuera destruida por completo, ¿verdad? Porque me has visto por fin, después de muchas veces de cruzarnos aquí o donde vivo, porque me oyes y me entiendes, eres una entre los pocos que pueden hacer algo. Eso sí, no verás el resultado hasta que vuelvas, dentro de milenios. ¿Aceptas?

Basta un tímido «sí», y ya están a la entrada de una cueva bajo el lecho de un río.

—Cuando oigas llegar las naves, grita con todo tu corazón tu palabra de fuego.

—¿Cuál?

— La que salga será. Ahora debo seguir. Hasta el próximo cosmos, ¡buena suerte! Ah, sigues tan bella como entonces.

                                                                  ***

                           INCREÍBLE DESCUBRIMIENTO 

                         BAJO EL LECHO DE UN RÍO SECO.

 

Un grupo de destacados antropólogos excava a la entrada de una cueva bajo el lecho del río seco en la localidad de R¨jhin y halla el cadáver de una mujer cubierto de ceniza y algo parecido al plomo. Se trataría de un  ejemplar del “homo sapiens” desaparecido tras la primera guerra interestelar hace unos ocho millones de años.

 

( En la más romántica de las lunas de otro planeta a miles de años luz se oye una risita complacida:

—Te lo dije,Ash! Dame un beso.

—Claro, mi Qfwfq. ¿Crees que volveremos a vivir todos juntos en un punto alguna vez?

—Espero que no. Demasiado promiscuo. Soy celoso.)



martes, 21 de septiembre de 2021

LA VENTANA INDISCRETA

 








 

Elvira, todavía débil por varios días de cama durante los que solo ha  probado algo de  sopa que la portera le alcanza  para luego volver al sueño, se levanta tropezando.

La ventana del living  golpea entre el viento y  los infructuosos saltos de la gata tratando de cazar una paloma. Es  por donde se asoma al mundo, sol, lluvia y   su vecino Antonio. Enferma, ha soñado con él. Se encuentran en el mercado, y él es tan caballero que carga su canasta de compras. A menudo cruza la calle con una silla para sentarse junto a Elvira a mirar el atardecer.

Ella piensa que ninguno  invita al otro a su casa por aquello de «pueblo chico, infierno grande», pero qué bueno sería tomar unos vinos que suelten la lengua y los recuerdos.

Antes de cerrar, ve luz  enfrente: Antonio está abrazado al cuello de un joven que lo empuja suavemente hacia la cama mientras le desabrocha los pantalones que se deslizan.

Ahoga un grito, quiere llamar a la policía. No recuerda el número de urgencias. Tremendas imágenes  bailan ante sus ojos.

Vuelve a la cama, a su cansancio mortal.

Por la mañana, Elvira pregunta:

—¿Qué sabe de don Antonio?

—¡Pobrecito, estuvo gravísimo! Diga que el hijo vino a cuidarlo  hasta que recupere fuerzas.

Ya a solas, Elvira oculta  la cabeza  bajo la almohada con el quejidito continuo de una niña que se ha orinado. No sabe cómo esconder la vergüenza de sus propios pensamientos.


domingo, 13 de junio de 2021

TEMBLORES

 

Cuentan que hace muchísimos años, no muy lejos de aquí, había una ciudad tan gris y triste que ni el sol lograba darle verdadero calor. Se la conocía como "la ciudad sombría".

Un monumento de acero en el centro de la plaza representaba un hombre gigantesco sentado sosteniendo un rifle, la primera liebre muerta por ese rifle, y sobre el lado izquierdo, un perro echado. Ambos animales yacían embalsamados en el Museo del Fundador, como modelos de lo que había hecho toda su vida: endurecer todo temblor, anular cualquier aliento; atar las ramas de los árboles para que el viento no fuera capaz de variar sus formas.

Los diseños de las calles y las casas  también colgaban de las paredes del museo, y si uno miraba bien, todo era tal cual lo había planificado: las verjas blancas todas iguales, las puertas y ventanas en el mismo lugar con cortinas inmóviles,  jardines de pasto que se mantenía siempre a la misma altura, pero ni una planta cuyas ramas pudieran moverse con el viento o cuyas flores crecieran dispares cada año. Cables y postes rígidos y el arroyo entubado. Se suprimía todo aquello que mostraba el hálito de la vida.

Antes de morir, el hombre de acero logró  implantar algunos criterios en la comunidad que se transmitieron de generación en generación:

Todo lo que se mantiene inmóvil es bueno.

Todo lo que tiembla es  malo.

Todo lo que crece, cambia y muere es peligroso.

Todo lo rígido es bello.

Así ocurrió que lo necesario para la vida diaria se traía envasado de otros lugares, y nadie vio nunca un pollo o un cerdo vivos. La gente se saludaba desde lejos. Los pocos niños que allí nacieron fueron enviados a estudiar lejos. Todo era gris, duro, frío.

Pasados los años, la ciudad moría idéntica a sí misma.

Rápidamente se buscaron culpables.

Muy lejos del centro, sobre los límites de la ciudad, vivía una mujer medianamente joven con cuatro niños pequeños de muy distintos tonos de piel.  Nadie sabía si eran sus hijos ni de dónde habían venido. Así, algunos los consideraban “hijos de la prostituta”; otros “los abandonados de Dios”; había quien los llamaba “los hijos del infierno”, aunque algún inocente creía que habían llegado gateando, perdidos, y que la mujer los había acogido. Las familias de bien jamás permitieron  que los suyos  se  acercaran a “los abandonados de Dios”, ya que no respondían a ninguna de las reglas consideradas decentes. Pues contra todo lo establecido, en esa casa todo temblaba, todo era movimiento, risas y aires nuevos. Se decía que esos niños eran capaces de hablar con los animales y hasta volar lejos con algunos pájaros. Sí, debían ser ellos los enemigos del pueblo.

Pero, ¿quién se atrevería a enfrentar el temblor? ¿Con qué armas? Una cosa es matar liebres, y otra matar niños. Ninguna ley lo permitía, y en el fondo nadie quería semejante cosa.

Algunos valientes pintaron pancartas reclamando que la mujer se fuera con sus criaturas. Mientras les alcanzó el coraje, las sostuvieron inmóviles frente a la casa sin acercarse demasiado. En otro esfuerzo, las dejaron clavadas en tierra, y se marcharon corriendo.

Los niños estaban estupefactos. Por un buen rato quedaron atrapados en el silencio y la inmovilidad de  sus contrincantes. ¿Serían ellos las nuevas estatuas? Alguno lloró. Ninguno durmió.

Al amanecer, cientos de gorriones bulliciosos llegaron en una infinita conversación. Entonces escucharon, volvieron a reír  y aceptaron.

Con ayuda de los pájaros desataron las ramas apretadas de los árboles, y las dejaron al temblor del viento. Cayeron las viejas hojas en desorden, se desprendieron las  semillas a su alrededor. Perros y gatos cavaron la tierra donde los niños plantaron flores  de su jardín. ¿De dónde sacaron fuerzas estas criaturas? Lo cierto es que lograron romper parte del entubado del arroyo para que se lo oyera correr por su viejo cauce.  Cuando la ciudad despertó, sus habitantes ensordecieron ante toda la vida que surgía.

Primero fue el terror. Llegaban la destrucción y la muerte.

Sin embargo, alguien se animó a abrir la ventana. Tanto aire moviéndose entre los árboles le gustó. Otro descubrió que los colores de las flores recién plantadas lucían muy bien en su jardín, y los que vivían cerca del arroyo sacaron sus hamacas para moverse al ritmo del agua.

 La  estatua del fundador quedó bañada en excrementos de  pájaros. No hubo quien la limpiara. La primavera trajo también la risa, la charla, el agradecimiento. Pero los niños misteriosos y la mujer que los cuidaba no habían vuelto a dejarse ver.

Un buen día cinco colibríes de muy diversos colores  libaron en las flores de la plaza y hasta se bañaron en la fuente en una danza maravillosa.

Desde entonces, en el tiempo del rebrote la ciudad festeja el día del ”Canto de la fuente” cuando todo el pueblo se acerca a esperar a cinco colibríes  que llegan puntualmente a regalar la danza del temblor.


lunes, 17 de mayo de 2021

KARMA

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Otra vez. Dolor de cabeza, mareo y ganas de vomitar. No necesito repasar qué comí anoche. Debo  enfrentarme a lo que más temo. No puedo dejarlo, ya me falta poco para el retiro y llegar al primer puesto del grupo me ha costado toda la carrera. Años de ser un mediocre segunda fila y cuando finalmente el director me convierte en el número uno a cargo de todo el conjunto en su ausencia, el terror.

Creo que todo comenzó en el entierro de mi madre. Mis compañeros haciendo por mí lo que mejor sabían, y yo sintiéndome cada vez peor. No fue cosa de ellos, si lo pienso. Esta carrera era la ilusión de ella. Creí que  me gustaba aunque estaba claro que no tenía el don; solo fuerza de voluntad, trabajo, disciplina.

Alguna vez me he declarado enfermo, pero si quiero tener un retiro pasable, tengo que aguantar un poco más. Hice toda clase de consultas. El último psiquiatra me recetó unas pastillas que me hacían temblar las manos. Tuve que dejarlas. A veces mis amigos me han visto palidecer, casi desmayarme, taparme los oídos. Respuesta: «problemas en  el centro del equilibrio».

Hoy estará el director. Doble esfuerzo. Allá voy, a mi martirio.

                                                           *

El gran Director da unos golpes suaves en el atril con su batuta. Comienza el ensayo. De pronto,  interrumpe y se dirige al primer violín:

—Maestro Silvestrini, ¿se siente mal?

—Melafobia incurable, maestro.

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Melafobia: miedo a la música.